A un sexenio del “abrazos, no balazos”
Por el Dr. Julio Jiménez Martínez
En estas semanas el presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció en una de sus conferencias de prensa matutinas la lamentable situación en que se encuentra el país actualmente en materia de seguridad, pues a casi ya el final de su mandato, la violencia e inseguridad en México muestran altos históricos.
Las cifras mostraron que, durante estos cuatro años de gestión, hubo un aumento del 58.66% en la violencia en comparación con el mismo periodo de Enrique Peña Nieto, e incluso con la “Guerra al Narcotráfico” del ex presidente Calderón.
Si bien las cifras presentadas mostraban su estrategia de seguridad y a la Guardia Nacional como paragones del combate al crimen organizado, la realidad era otra.
Las más de 24 mil armas; 100 mil cargadores y millones de cartuchos asegurados, no eran un reflejo de una estrategia de seguridad exitosa, sino de la decadente situación que se vive en el país.
No demostraba un combate efectivo al crimen organizado, sino como era que este se había fortalecido más allá lo imaginable en sexenios anteriores, multiplicando su armamento por millares ante una fuerza de seguridad pública que cada vez es más lamentable.
De acuerdo con cifras de las instituciones de seguridad 1 de enero del 2013 al 31 de diciembre del 2016, se aseguraron cuatro millones 145 mil 406 de piezas de armamento, de esta cifra, corresponden a las armas de fuego 25 mil 086, cargadores 118 mil 202, cartuchos tres millones 967 mil 134, granadas dos mil 959 y vehículos 32 mil 25.
Cifras que se quedan cortas cuando se comparan con los 6 millones 577 mil 148 de piezas de armamento aseguradas por la Guardia Nacional, en el mismo período.
Sin embargo, en esta ocasión el mandatario no recurrió a su panacea universal del “yo tengo otros datos”, sino que proclamó nuevamente que lo ocurrido “no era su culpa”, y si algo mostraban estos datos era que en realidad “había una mala herencia”.
“Ahora nos dicen ¡Qué barbaridad, el gobierno de ahora es el gobierno que tiene más homicidios! Sí, pero que vean cómo nos dejaron el país, porque este es una mala herencia en seguridad, pero así nos dejaron salud, educación y así nos dejaron todo”, fueron las palabras que declaró el presidente.
Tras ello, el presidente volvió a hacer caso omiso a los cuestionamientos sobre la situación de las armas, y pidió aplaudir el tratamiento “exitoso” que ha tenido en la atención a otros sectores “afectados por el neoliberalismo”
“El país estaba en bancarrota, el país estaba inmerso en una decadencia, ni siquiera era una crisis, era una decadencia y por eso, frente a una decadencia, lo único que debía hacerse era llevar a cabo un proceso de transformación, arrancar de raíz a la corrupción y eso no les ha gustado a los que antes se sentían los dueños de México y son los responsables de la tragedia nacional”, sentenció.
Sin embargo, estas palabras no hacen más que demostrar el deseo del presidente de cerrar y sesgar la opinión del “pueblo bueno y sabio”, buscando que la 4T sea vista y aplaudida como el motor del cambio en México, dejando de lado la gran lista de asignaturas pendientes que tiene este gobierno.
La inflación y el desempleo van al alza; los hospitales se llenan cada día con más enfermos, quienes no pueden acceder a medicamentos y servicios debido al desabasto y falta de personal; las arcas de la nación son vaciadas para financiar obras faraónicas.
A ya casi seis años de su estrategia de “abrazos, no balazos”, México se encuentra en una situación cada vez más lamentable, y cuyo futuro no solamente se ve oscuro, sino que a lo largo yace un camino de sangre.
