Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
Sinaloa: más allá de los gritos…
El poder no se mide en encuestas, ni en gritos de apoyo o rechazo. En política, lo que realmente pesa es el mensaje, su coherencia y el impacto que tiene en la sociedad. Más allá del «Fuera Rocha» o el «Yo sí apoyo a Rocha», lo verdaderamente esencial es la manera en que se enfrenta la crisis y se envían señales de liderazgo, paz y estabilidad.
Feliciano Castro Meléndrez tiene en sus manos una responsabilidad crucial: lograr un balance en materia de seguridad y gobernabilidad. No se trata solo de ocupar un cargo, sino de ser leal a sus principios, construir relaciones de equipo y, sobre todo, mantener la coherencia entre el pensamiento, la espiritualidad y la acción. No hay mayor error en política que decir una cosa y hacer otra.
El secretario general de gobierno debe tener claro que su presencia en el gabinete no es un premio ni una oportunidad para hacer negocios. Su papel exige ecuanimidad, certeza política y una capacidad de negociación que trascienda las paredes de Palacio de Gobierno. Su mensaje, como vocero del gobierno estatal, no puede reducirse a simples cifras o discursos vacíos. La realidad política no se maquilla con números, sino con hechos.
No se trata de componer el mundo, pero sí de aportar una visión crítica y constructiva. La oposición huele sangre y no dudará en aprovechar cualquier error del gobierno para capitalizar el malestar social. Sin embargo, el problema no se soluciona con remover a Rocha Moya del cargo. El verdadero reto es cambiar la narrativa, recuperar la confianza de la ciudadanía y demostrar, con acciones, que hay un rumbo claro para Sinaloa.
El gobernador tiene todo a su favor: respaldo federal y local, experiencia y poder de decisión. Lo que le falta es enviar un mensaje contundente y estratégico. No basta con reaccionar a la coyuntura ni con buscar culpables. El ejercicio del poder requiere resultados tangibles, liderazgo real y la capacidad de enfrentar los problemas con la verdad por delante.
Muchas veces, el error no está en las decisiones tomadas, sino en la forma en que se comunican. La falta de socialización de temas clave ha sido un lastre. Desde el sector agrícola hasta la economía, pasando por la autonomía de las instituciones y los derechos humanos, se requiere claridad y determinación. Un cambio de timón implica reconocer errores, escuchar otras voces y dejar de lado la soberbia política.
No se puede ignorar la visión de la derecha solo porque representa una postura ideológica distinta. La estabilidad política no se logra con discursos dogmáticos ni con descalificaciones, sino con una estrategia de unidad que permita consolidar un proyecto de gobierno funcional.
La política es una incógnita constante, como la vida misma. Cada nuevo ciclo, cada administración, cada relación de poder conlleva riesgos y expectativas. Lo único seguro es que la historia no espera a nadie y que el poder es efímero si no se sabe ejercer con inteligencia.
GOTITAS DE AGUA:
Cuando a Benjamín Franklin le preguntaron si el nuevo país independiente sería una república o una monarquía, respondió: «Una república, si puedes conservarla». Hoy, la democracia enfrenta desafíos similares. Pero conservarla, fortalecerla y hacerla evolucionar es una tarea permanente. “Si cierran la puerta, apaguen la luz.” “Nos vemos mañana”…
