Por: Fermín Josep Arrufat Calaf.
Ante una entrada de casi lleno y con clima agradable, se realizó la esperada corrida del 79 aniversario de la Monumental Plaza de Toros México, quinto festejo del serial de la «feria de aniversario» en el que el torero protagonista fue el diestro valenciano Enrique Ponce, quien tras poco más de 35 años de trayectoria taurina puso fin a su carrera, compartiendo cartel con el diestro de dinastía Diego Silveti y Alejandro Adame (el más joven de los hermanos Adame), que confirmó su alternativa con toros la ganadería de Los Encinos, la tarde de ayer miércoles 5 de febrero.

Abrió plaza Alejandro con el toro de nombre “Farruco”, al que bregó de manera muy pausada con el capote desde el terreno de tablas, hasta los medios del ruedo con sutiles lances a la verónica, que remató con una vistosa revolera jaleada con olés por la gente en los tendidos, cuya paciencia, fue notoria a lo largo de la tarde al permanecer atenta y respetuosa por muchos momentos de la lidia de los siete toros que saltaron al ruedo.

Ya en la muleta brindó la faena del toro de su confirmación a su hermano, el matador Luis David Adame. Brindis tras el que inició su labor con muletazos de aliño para fijar la embestida del toro y llevarlo hasta los medios del redondel. Estructuró con medias series de derechazos templados y a media altura para no mermar la calidad de juego del astado durante la faena.

Después, hilvanó dos buenas tandas con la mano derecha, plenas de sabor y hondura que hicieron sonar los olés, tras los que antes de concluir su labor, el toro ya se mostró con poco recorrido y quedándose corto a medio viaje en cada muletazo, pese a que Alejandro le dio sus tiempos de distancia al burel.
Cerró la faena con un combinado de manoletinas y dosantinas de muy buen gusto, mostrando superioridad y buen entendimiento del toro al que le exigió, pero no atosigó, para poder lucir lo poco bueno que ofrecía. Mató con una estocada tendida y de colocación desprendida que surtió efecto con la que le valió una oreja. No tuvo suerte en su segundo toro.

Por otro lado, el diestro valenciano Enrique Ponce no tuvo suerte en su lote, conformado por los toros de nombre “Talentoso” y “Protagonista” (sorteados en segundo y cuarto lugar), por lo que, el hispano escuchó “las golondrinas” en dos ocasiones la misma tarde, ya que tuvo que regalar un toro (séptimo de la función), luego de numerosas insistencias por parte de los presentes en los tendidos.
Perteneciente al mismo hierro de Los Encinos, de aspecto anovillado pero cornivuelto de astas, recibió a “Indiano” con lances a la verónica muy emotivas en los medios del ruedo, las que firmó con una revolera muy vistosa. Acometió y recargó en el peto durante la suerte de varas, pero no mostró pelea. Hizo quite por chicuelinas y verónicas en los medios, con las que expuso el buen talante colaborativo del astado, para ser banderilleado de manera excepcional por el torero de plata Fernando García Jr, quien recibió una ovación en el tercio.

Antes de brindar el último toro de su carrera como matador Enrique Ponce, todos los asistentes fueron sorprendidos con la aparición del novillero colombiano Maikel Ramírez pidiendo una oportunidad de torear en el Coso de Insurgentes, y que emocionó a los tendidos con una serie por naturales en redondo, luciendo la calidad de embestida del burel. Después de ser retirado del ruedo, el torero de Chiva, Valencia, dio cátedra de esteticismo y maestría toreando a media altura y por ambos pitones al séptimo ejemplar de la tarde, corriendo la mano con derechazos y naturales muy templados y en redondo.
Siguiendo con la misma fórmula, toreó a “Indiano” en terrenos de la querencia natural del astado, cercano a la puerta de toriles, donde complació a la afición que hicieron rugir a la Plaza México con cada olé que motivaba el toreo de Ponce. Extasiada la asistencia y Enrique entregado haciendo el toreo de manera armónica y decorosa, excedió unos cuantos minutos de faena al son de “las golondrinas” para complacer al público de la Plaza México, y gustarse a sí mismo en su última tarde vistiendo “el chispeante”.
Concluyó la emotiva faena con un espadazo entero en buen sitio, pero ligeramente tendido y de efecto casi inmediato en el cierraplaza, al que le cortó dos orejas saliendo a hombros del Coso de Insurgentes entre gritos de ¡torero!, ¡torero!.

En cuanto al diestro de dinastía, Diego Silveti, se encontró luciendo muy maduro, acentuado, consumado y pleno, quien interpretó una faena de gran calidad a su primer burel de nombre “Lironcito”, que saltó al ruedo en tercer lugar al que Diego saludó por mandiles suaves, desde el terreno de tablas para llevarlo con los mismos lances hasta los medios del ruedo, donde remató con una revolera que emocionó a los aficionados.

Luego de un puyazo de poco castigo para conservar el mayor recorrido del toro, hizo quite por tafalleras y remató con otra revolera de fina ejecución, luciéndose muy torero y muy seguro, y mostrando ganas ya de llevarse el gato al agua en la faena con la muleta.
Brindó su labor a toda la plaza, quien le ovacionó el gesto.
Armó la muleta e inició en el centro del ruedo con la mano diestra, muy templado y profundo, ralentizando los derechazos que llegaron de inmediato a los tendidos, jaleando los primeros olés de su faena, que ya vaticinaban el plan grande de su interpretación.
Prosiguió hilvanando pases por ambos pitones, templados y a media altura, teniendo gran expresión en el toreo al natural que mantuvieron la emoción en los aficionados que se encontraron a un Diego Silveti reinventado, distinto, centrado, con reposo y con alta categoría torera para justificar muy bien su presencia en un cartel tan importante; dándose el lujo además, de «arriesgar el tipo» al cruzarse de pitón a pitón en dos ocasiones para ejecutar el toreo por naturales y manoletinas sin el ayudado en la muleta, con las que siguió emocionando a los espectadores antes de entrar a matar.

Ejecutó una buena estocada entera en buen sitio y hasta los gavilanes con la que fulminó al toro. Cortó dos merecidas orejas que fueron celebradas por la afición durante la vuelta al ruedo. No tuvo opciones en su segundo ejemplar y acompañó a Enrique Ponce en la salida a hombros al finalizar la corrida.
Entre las incidencias del festejo, también hubo la aparición de un espontáneo antes de la salida del cuarto toro, quien desde el ruedo solicitó una oportunidad para torear en la Plaza México, además de contar también con la despedida de los ruedos como subalterno, el banderillero Fernando “Güero García Araujo al concluir la lidia del quinto toro.
