Aide Reynoso
En mi opinión, la película Emilia Pérez del director francés Jacques Audiard es un claro ejemplo de cómo se puede trivializar y distorsionar la realidad mexicana desde una perspectiva extranjera, sin el más mínimo respeto por nuestra cultura, nuestra música y la compleja problemática del narcotráfico. Es indignante que se aborde un tema tan sensible y doloroso para nuestro país desde un enfoque de comedia musical, como si la violencia y las desapariciones forzadas fueran solo un escenario pintoresco para entretener a una audiencia internacional.
Además, las declaraciones de Audiard sobre el español como un «idioma de países modestos y migrantes» son profundamente ofensivas y muestran un desconocimiento total de la riqueza cultural y lingüística de nuestros pueblos. ¿Cómo es posible que alguien que se expresa de esa manera de los latinoamericanos se sienta con la autoridad para contar una historia mexicana?
Y si a eso le sumamos las actitudes de Karla Sofía Gascón, con sus comentarios despectivos llamando «gatos» a los mexicanos que criticamos la película, queda claro que esta producción no solo falla en su representación artística, sino también en la calidad humana de quienes están detrás de ella.
Me parece admirable la respuesta de la cineasta mexicana Camila Aurora, quien con su cortometraje Johanne Sacreblu no solo expuso lo absurdo de Emilia Pérez, sino que lo hizo con inteligencia y humor, demostrando que desde México podemos responder con creatividad y dignidad.
Es momento de exigir un mayor respeto hacia nuestra cultura y nuestra gente. No podemos permitir que se sigan promoviendo proyectos que no solo nos estereotipan, sino que nos insultan abiertamente.
Aidé Reynoso Castro.
