Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
Carnaval Guamúchil 2025:
El indulto que celebra la irresponsabilidad…
Para cerrar con broche de oro el Carnaval de “Tierra Santa”, Salvador Alvarado 2025, se perpetró un acto indignante que desnuda la podredumbre institucional disfrazada de tradición. La reina del Carnaval 2025, Geraldynne Avilés, en complicidad con las autoridades municipales, concedió el «indulto» a tres personas detenidas en la barandilla municipal, incluyendo a infractores por conducir en estado de ebriedad. Mientras la sociedad lucha incansablemente contra el flagelo del alcohol al volante, en Guamúchil se envía un mensaje letal: la fiesta está por encima de la ley y la seguridad de sus ciudadanos.
Este aberrante simulacro de justicia, vendido como una inocente «costumbre festiva reciente», es en realidad una afrenta al Estado de derecho y una demostración cínica de cómo las autoridades pisotean las normas cuando les conviene. En vez de promover un entorno de respeto y responsabilidad, la propia administración municipal, encabezada por la alcaldesa Lupita López González, apadrina y legitima este esperpento.
Que una «reina de carnaval» tenga la osadía de «liberar» a infractores es una burla descomunal al sistema de justicia. Y no, no es meramente un acto simbólico; es un mensaje peligroso que sugiere que las normas pueden relajarse a capricho. Lo más alarmante: entre los beneficiados por este circo se encontraban individuos que condujeron bajo los efectos del alcohol, un delito que diariamente cobra vidas en las carreteras del país.
¿Qué se está comunicando con esta barbaridad? Que basta con esperar al carnaval para que los errores se evaporen en medio de la música y los disfraces. Que conducir ebrio no es una falta grave, sino una simple travesura que se puede condonar en nombre de la «alegría». Que la seguridad pública es un chiste y la impunidad un derecho de fiesta. ¿Es esto lo que queremos para nuestra sociedad?
No podemos seguir normalizando estos atropellos. El carnaval debería ser un espacio de cultura, alegría y convivencia responsable, no cómplice del libertinaje y la negligencia. Guamúchil tiene la obligación de erradicar esta «tradición» aberrante y sus autoridades deben dejar de actuar como facilitadores del caos.
GOTITAS DE AGUA:
La fiesta jamás puede estar por encima de la justicia. La vida no es un capricho de una reina de carnaval ni un accesorio prescindible en una noche de jolgorio. Pero parece que, en este feudo aldeano, la celebración pesa más que la seguridad, la ilegalidad se viste de tradición y el peligro se tolera con una sonrisa cómplice. Si alguien muere por culpa de un conductor alcoholizado, ¿lo justificaremos también como parte de la fiesta? ¿Cuánto más permitiremos que la impunidad se enmascare de alegría? Mientras sigamos aplaudiendo estos espectáculos políticos disfrazados de cultura, la irresponsabilidad seguirá reinando y las tragedias se convertirán en parte del folclore. El carnaval concluyó, pero las consecuencias de estas decisiones nefastas nos perseguirán por siempre. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos el lunes”…
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