Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
El dolor usado como rating…
El reciente ataque a escoltas de la familia del gobernador Rubén Rocha Moya, lejos de abrir un debate serio sobre la violencia que golpea a Sinaloa, fue transformado por ciertos actores mediáticos en un espectáculo de escozor y escarnio. Que la agresión a agentes del Estado —quienes terminaron lesionados en cumplimiento de su deber— haya servido de material para la sorna de algunos comunicadores nacionales es un síntoma preocupante: el periodismo crítico ha sido desplazado por el periodismo del show, donde la sangre se convierte en rating y el dolor en trending topic.
Un periodista de Radio Fórmula, con evidente falta de altura, reaccionó al mensaje del gobernador con ironía y desprecio, evidenciando que en ciertos espacios no se busca informar ni cuestionar con seriedad, sino alimentar el odio. La justificación posterior de su actitud solo confirmó algo más peligroso: que existe una línea editorial que promueve la descalificación sistemática como estrategia política. No se trata de libertad de expresión, sino de la degradación del periodismo en un circo donde los aplausos se compran con veneno.
El gobernador Rocha Moya, en su respuesta, no se escudó en el silencio ni minimizó lo ocurrido. Informó con claridad que su nieta resultó ilesa, que los agentes lesionados recibían atención médica inmediata y, más allá de lo personal, reiteró su compromiso con la seguridad de los sinaloenses. Ese mensaje, en medio de la crisis, se convirtió en un gesto de firmeza y responsabilidad pública. Pero lo más significativo fue el acompañamiento humano: Eneyda Rocha, presidenta del DIF Sinaloa e hija del mandatario estatal, agradeció y reconoció públicamente a los elementos caídos en cumplimiento de su labor. Ese acto no se mide en discursos políticos, sino en sensibilidad y empatía hacia quienes día a día arriesgan la vida.
La reflexión es inevitable: ¿qué sociedad queremos ser? ¿Una que normaliza la burla ante la tragedia o una que se detiene a reconocer la valentía de quienes nos protegen? Los ataques mediáticos al gobernador no hieren su imagen tanto como lastiman el sentido de humanidad de quienes los replican. Porque en el fondo, reírse del dolor ajeno revela más del burlón que del agredido.
Nos hemos acostumbrado a ver en la tragedia un espectáculo, a consumir el dolor como si fuese una noticia más para el entretenimiento digital. Pero detrás de cada escolta herido hay un padre, un hermano, un hijo que quizá no regrese completo a su casa. Detrás de cada agresión hay familias que esperan con miedo, niños que lloran y esposas que rezan. No se trata de política ni de filias o fobias personales, se trata de seres humanos expuestos a una guerra silenciosa que nos arrastra a todos.
Cuando el gobernador agradece y reconoce la labor de quienes arriesgan la vida por proteger la suya y la de su familia, no habla solo como mandatario, habla como hombre, como padre, como abuelo. Y ese agradecimiento debería ser compartido por toda una sociedad que exige seguridad, pero que pocas veces reconoce el sacrificio de quienes la brindan. La valentía de esos escoltas lesionados debería convertirse en un espejo de dignidad para todos nosotros, no en materia de escarnio.
GOTITAS DE AGUA:
La pregunta es brutal: ¿qué tipo de sociedad queremos ser? ¿Una que se alimenta de la mofa y el odio, celebrando el tropiezo ajeno como triunfo propio, o una que reconoce que solo juntos podremos resistir a la violencia que nos acorrala? Porque en la risa cruel de algunos comunicadores y adversarios políticos se esconde la derrota moral de un país que ya no se indigna por la sangre derramada, sino que la consume como si fuera parte de un guión de espectáculo.
Y es ahí donde nos jugamos el alma: en la capacidad de mirar al otro con compasión, de reconocer el sacrificio ajeno como parte de nuestra propia seguridad, de dejar de trivializar lo sagrado de la vida humana. Si no aprendemos a sentir el dolor de los demás como propio, la violencia habrá ganado no solo las calles, sino también nuestra conciencia. Y entonces ya no será el crimen organizado quien nos arrebate la paz, sino nuestra indiferencia la que termine de sepultar lo poco de humanidad que nos queda. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…
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OV El Analista: https://ovelanalista.com/columna-sobre-el-camino/
