Por Fermín Josep Arrufat Calaf.
En tarde con clima muy agradable, soleada y con esporádicas ráfagas de viento se llevó a cabo el festejo por el 47 aniversario de la inauguración de la Plaza de Toros Monumental Vicente Segura, de Pachuca, Hidalgo, con un cartel conformado por el rejoneador Fauro Aloi y el novillero a caballo Javier Funtanet, contando con la participación de los grupos de forcados de Pachuca y los Amadores de México, quienes alternaron con los diestros a pie, Ernesto Javier “Calita” y el sevillano Borja Jiménez, lidiando astados del hierro tlaxcalteca de Montecristo, ante una gran entrada que rebasó los tres cuartos del aforo.

En sus respectivos ejemplares el jinete de dinastía, Fauro Aloi, dió muestra de clasicismo y buena doma en cada uno de sus caballos, quien logró emocionar al público hidalguense con series de cabriolas, cites de frente y quiebros al momento de poner banderillas.
Lucieron los forcados mexicanos con invitados del grupo de forcados de Pachuca, quienes realizaron una pega limpia al primer intento, llevando como cabo de pega a Ian Saíd Lugo y a Juan Pablo Calderón como rabillador.
Firmó Fauro Aloi su faena en el primer toro con media hoja de peral caída y trasera, recibiendo palmas y dando vuelta al ruedo; mientras que en su segundo toro dejó medio rejón de muerte de colocación trasera que resultó efectivo. Por su parte el grupo de forcados Amadores de México, emocionaron a los tendidos de la Monumental Vicente Segura con una espectacular pega al primer intento, teniendo como rabillador al reconocido forcado René Tirado.

Javier Funtanet por su parte no logró sobresalir en su primer toro, el cual careció de fuerza y emotividad para lograr transmitir una faena de trascendencia a la afición, no obstante, resultó ser una muestra de buena doma y ejecución de las suertes por parte del joven caballista, cobrando protagonismo los forcados de Pachuca que fallaron al primer intento en la pega, siendo prendido de manera aparatosa el cabo y el cabo de apoyo, pero sin consecuencias graves. Concluyó Javier dejando un rejón de muerte entero y buen sitio que tardó un poco en hacer efecto sin llegar a escuchar el primer aviso. Recibió palmas y petición de oreja.

En su segundo ejemplar Javier sorteó con un mejor astado, el cual, desde la salida mostró fijeza en el caballo, que al encelar al burel al mínimo cite, hizo hilo en la grupa del equino, luciendo momentos de bellas estampas en su forma de interpretar el arte de Marialva colocando un rejón de castigo, para seguir la lidia con banderillas.
Sobresalieron el grupo de forcados de Pachuca, quienes al segundo intento realizaron una buena pega pasada por momentos de peligro al primer intento por parte del cabo Dante Austria.
Finalizó Javier con medio rejón de muerte, en colocación ligeramente trasera que resultó efectivo para hacer doblar a su segundo astado. Escuchó palmas por parte del público.
Por el lado de los diestros de a pie, Ernesto Javier “Calita” sorteó con la cara y la cruz. En su primer toro salió a recibirlo a los medios del ruedo para ejecutar un farol de rodillas, el cual, tuvo que desistir debido a la falta de acometida del astado, que tardó en salir de toriles y se quedó parado a medio ruedo, provocando que Javier se incorporara para bregarlo en el terreno de los tercios.

Lució solamente detalles en la faena de muleta, con la que pudo hilvanar tres series de derechazos y dos por naturales tras las que posteriormente, a la hora de la suerte suprema pasó momentos de apremio pinchando en hueso, recurriendo después al descabello, momento en el que al segundo intento con la espada de cruceta, recibió un derrote por parte del astado, que le propinó un fuerte golpe en el muslo derecho, pero sin que llegara ser una cornada expuesta.
Escuchó tres avisos por parte de la autoridad yéndose vivo el toro, pero doblando momentos previos a ser llevado de vuelta a los toriles. Acreditó una fuerte bronca por parte de la asistencia.
En su segundo toro, de nombre “carretero”, Javier vivió la parte más amable y decorosa de la fiesta, al bordar una faena que estuvo plena de entrega y coraje, en la que se sobrepuso al capítulo aciago que vivió en su primer ejemplar, tercero de la tarde.
Pese a ser escaso de hechuras y protestado por algunos sectores de la plaza, bregó al burel en el terreno de tablas, llevándolo hasta los medios del ruedo sin mayor lucimiento.
No recargó en el caballo a la hora de la suerte de varas, recibiendo un puyazo breve que no mermó en su desarrollo durante la lidia.
De muleta, comenzó su faena con un muletazo largo cambiado por la espalda en los medios del ruedo con el que emocionó a la concurrencia, posteriormente siguió con una serie de derechazos templados y en redondo que remató con un muletazo de pecho.
Prosiguió su labor entendiendo al toro, que pese a tener recorrido, avisaba no tener mucha fuerza, por lo que se afanó en llevarlo con medias series de muletazos para evitar que el astado se desfondara y propiciara una faena de breve duración. Siguiendo la pauta del principio de la faena, se mantuvo con el toro en los medios del ruedo, donde continuó emocionando a los aficionados con series de naturales y derechazos con reposo y torería, de los que ya, tras pasados unos minutos de faena, el astado comenzó a descubrir una “guasa” que traía reservada, quedándose corto y volteando a ver por algunos momentos el sitio donde se encontraba colocado Javier.
Concluyó su faena probando por ambos pitones al toro, donde logró finalizar con una buena tanda por naturales que pusieron “la guinda” a su labor. Colocó al toro sobre las líneas de los tercios en la suerte contraria y asestó un estoconazo entero hasta la empuñadura, pero de colocación trasera que resultó efectiva de manera casi inmediata. Escuchó gritos de ¡torero! ¡torero! adosadas de una petición unánime de las dos orejas, siendo éstas concedidas por la autoridad.
Por otro lado, el diestro sevillano Borja Jiménez volvió a deleitar al público mexicano, que ya le esperaba desde la campaña pasada, con la prestancia de su distintivo toreo de reposo, templado y cadencioso en su primer ejemplar, cuarto de la tarde de nombre “suspiro”, otro burel justo de presencia muy suelto tras su salida por toriles, el cual amagó con saltar al callejón, y al que Borja metió en suerte bregando al hilo de tablas para sacarlo a los medios del ruedo y torearlo con hondura por verónicas que hicieron resonar los olés en la Vicente Segura.

Tras un puyazo efímero y sin recargar en el caballo el toro, quitó Borja por chicuelinas muy ceñidas de magnífica manufactura con las que volvió a emocionar a los tendidos.
Destacó en la suerte de banderillas el rehiletero Fernando García, quien colocó dos pares de frente y en todo lo alto, con los que arrancó la ovación del respetable.
Inició Borja su faena con la pañosa en el terreno de tablas, desde donde llevó a los medios del ruedo al toro con suaves muletazos por ambos pitones que remató con un derechazo al natural por bajo, que hizo adentrar en los primeros compases de su faena a la afición.
Siguió ligando el toreo por derechazos con una serie de naturales “al ralentí” en una tanda de cinco pases en dicho tenor con los que hizo rugir el olé hondo y profundo de los tendidos del coso hidalguense. Posteriormente, continuó de manera cadenciosa con el brazo diestro en una serie de cuatro derechazos que remató con un excelso y pinturero cambio de mano por bajo con el que hizo poner en pie a la concurrencia en los tendidos.
Faena rotunda de plasticidad, sentimiento, profundidad y emoción torera con la que no escatimó en lucir la inherente sevillanía de su tauromaquia, gustándose con el noble ejemplar de Montecristo al que continuó aprovechando con tersos muletazos a media altura.
Ya avanzada la faena, y ante la nobleza del astado, algunos sectores de la plaza comenzaron a pedir el indulto para el cuarto de la tarde, petición que no fue concedida por la autoridad.
Remató su faena con muletazos de aliño para colocar en suerte al burel, al que por desgracia, no logró consumar de manera rotunda, escapándosele el triunfo tras fallar con los aceros en tres ocasiones, pero consiguiendo dejar una estocada entera al cuarto viaje con la que despachó al toro con mayor calidad del festejo.
Escuchó palmas y petición de oreja, dando únicamente una vuelta al ruedo.
En su segundo ejemplar no corrió con la misma suerte que en el primer astado de su lote, siendo este un toro muy bien presentado, pero que careció de recorrido, ligazón y celo que le permitieran expresar una faena que estuviese plena de sentimiento como lo fue en su turno previo.
De capote, Borja solamente pudo bregar al astado para colocarlo en la suerte de varas. No lucieron los banderilleros.
Brindó su faena de muleta con el cierra plaza, y octavo del festejo, a toda la asistencia que ansiaba verle redondear su actuación.
Detalles solamente sobresalieron con su segundo toro, al cual probó por ambos pitones sin llegar a romper en la faena. En los medios, ligó una serie de naturales con los que hizo exclamar algunos olés por parte del respetable. No obstante, Borja intentó descubrir al toro por el pitón derecho, lado por el cual le enganchó la muleta en ocasiones.
Se mantuvo paciente la afición durante la faena de Borja en su segundo toro, labor que firmó con una estocada entera ligeramente desprendida que resultó suficiente para despachar al cierraplaza. Estocada con la que le fue concedida una fuerte ovación y una vuelta al ruedo entre el reconocimiento del público para concluir así el festejo del 47 aniversario de la plaza de toros Monumental Vicente Segura de Pachuca, Hidalgo.
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