SOBRE EL CAMINO

Por. – Benjamín Bojórquez Olea. 

Las decisiones silenciosas de un gobernante:  

¿Qué esconde Millán? 

Michael Jordan, el ícono del baloncesto afirmó en su libro I can’t accept not trying: «El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos». Esta frase, que subraya la importancia de la estrategia colectiva, encaja no sólo en el deporte, sino también en la política. Juan S. Millán, ex – gobernador de Sinaloa, entendió este principio y, a lo largo de su mandato (1999-2004), demostró que la visión estratégica y la colaboración pueden sentar bases sólidas para un gobierno responsable y efectivo. En pocas palabras, Don Juan S. Millán si le tuvo miedo a la historia. 

En la “Ciudad Asilo” del Real de Minas de Nuestra Señora del Rosario, a orillas del río Baluarte, un martes 15 de junio de 1943, nació el niño Juan Sigfrido Millán Lizárraga. 

En 1945 se vivía una época difícil debido al cierre definitivo de las compañías mineras lo que provocó una enorme crisis económica a mediados del siglo XX. 

La peluquería era el sitio obligado para la reunión de los hombres del antiguo mineral. El pequeño Juan llegó y muy seriecito se sentó, en ese tiempo los niños no podían escuchar las pláticas de los mayores, pero el maestro peluquero le permitió continuar en el lugar, al fígaro le llamó la atención, aunque era solo un niño, guardaba la compostura de los adultos. 

El pequeño Juan observó como un rollizo señor que no soportaba el calor ni el escozor que le provocaban sus propios cabellos recortados, se movía inquieto en la silla mientras sudaba a chorros, el pequeño Juan se levantó, tomó una revista y le empezó a echar aire, para aquel hombre eran bocanadas de aire fresco, el hombre agradecido con el espontáneo gesto, se metió la mano al bolsillo, sacó unas monedas y se las dio al acomedido chiquillo. 

“Aquí voy a tener buen trabajo”, pensó aquel niño que llegaría a ser el mejor Gobernador del Estado de Sinaloa. 

“¿Quién es este niño?”, preguntó el hombre. 

“Es hijo de la profesora Lucía Lizárraga”, respondió el peluquero. 

Siendo en ese momento el hijo único, -después llegaría al mundo Enrique, su hermano-, Juan acompañaba a su señora madre, la maestra Lucia, hasta el sierreño pueblo de La Tebaira, ambos abordaban un viejo camión que los llevaba desde El Rosario hasta Matatán, distante a 50 kilómetros, un viaje que duraba aproximadamente tres horas. 

La profesora Lucia y el pequeño Juan dormían en un catre de jarcia en Matatán y por la madrugada, si corrían con suerte y si había bestias de carga, continuaban el viaje a lomo de mula. Cuando no había bestias, tenían que subir a pie las escarpadas veredas de la sierra, una travesía que duraba un día y medio hasta llegar a Tebaira. 

La maestra Lucia no podía dejar en El Rosario al pequeño Juan porque no tenía alguien de confianza con quien dejarlo. Así como un alumno más, la madre fue educando al hijo, enseñándole no solo las letras sino también forjándole el carácter que lo llevaría a ser el célebre político que actualmente es. 

Gracias a la profesora Lucia, aquel niño espigadito y delgado, aprendió a leer a los cinco años. Esa etapa de la joven Lucia Lizárraga como maestra rural, que inició en El Pozole y concluyó en Cacalotán, fue la que marcó al niño Juan S. Millán, su hijo. 

Fue precisamente en Cacalotán donde la maestra Lucía recibe una trágica noticia: la muerte de Don Enrique Millán Muñoz, su esposo, el matrimonio no alcanzó a cumplir los diez años de casados.  

Al enviudar, la joven maestra decide mudarse con sus dos hijos, Juan y Enrique, a la ciudad de Mexicali, Baja California. Otra etapa de angustia y pobreza. En el ejido Coahuila de Mexicali, el pequeño Juan continuó sus estudios. 

En esa ciudad la situación se tornó casi intolerable. Las altísimas temperaturas del verano, la amenaza de enfermedades que acechaba a los pequeños, el agua insalubre y la inseguridad, la maestra Lucia Lizárraga renuncia a su trabajo en la Escuela Primaria Rural Federal“Profr. Salvador Jiménez Flores” y por su habilidad para las matemáticas, consiguió trabajo como cajera de un restaurante además de llevar la contabilidad del negocio, gracias a la confianza de la dueña de la pequeña empresa familiar. 

Así fue como aquella joven logró sacar adelante a sus dos pequeños hijos, pero esta crónica continuará… 

Juan S. Millán se forjó entre las piedras duras de La Tebaira, se forjó a base de sufrimiento. Nada le cayó del cielo, solo la extraordinaria inteligencia de la que Dios Nuestro Señor lo dotó. También le dio una madre que enseñó a sus hijos a crecer ante la adversidad. 

Más allá de las palabras e historia de vida invadida por un cúmulo de emociones, el legado de Millán se fundamenta en acciones concretas que transformaron la gobernanza en Sinaloa. A Don Juan Millán es probable le acomode de manera exacta la definición a su amigo, compañero y líder vitalicio de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Fidel Velázquez Sánchez (+) originario del municipio de Nicolas Romero, Estado de México, “fruto jugoso en cáscara amarga”. En un momento en que la transparencia apenas figuraba en la agenda política nacional, Millán promulgó la primera Ley de Acceso a la Información Pública Estatal en México. Este avance colocó a Sinaloa como precursor en garantizar el derecho de los ciudadanos a conocer y evaluar las acciones de su gobierno. En una era de opacidad gubernamental, esta ley no solo abrió las puertas a la fiscalización ciudadana, sino que también marcó un precedente que más estados seguirían posteriormente. 

Otra de las contribuciones más destacadas de su administración fue establecer un mecanismo inédito en el país: la comparecencia del gobernador ante el Congreso tras presentar su informe de gobierno. En lugar de limitarse al formato ceremonial de los informes tradicionales, Millán se enfrentó directamente a los legisladores, incluyendo a la oposición, en un ejercicio de diálogo abierto y democrático. Este espacio permitió cuestionamientos y debates públicos que fortalecieron la participación ciudadana y el escrutinio político. Especialmente en los últimos años de su gestión, estas comparecencias se convirtieron en un escenario de confrontación política con sus detractores, pero Millán mantuvo su postura firme, demostrando una apertura al debate que lamentablemente no fue continuada por sus sucesores. 

Una de las críticas más comunes hacia los gobiernos modernos es el mal manejo de los recursos públicos, a menudo reflejado en altos niveles de endeudamiento. Sin embargo, el gobierno de Juan S. Millán se distinguió por su prudencia fiscal. Durante su administración, Sinaloa no contrajo deuda pública, un logro que cobra mayor relevancia si se considera el contexto económico de principios de los 2000, marcado por la recesión global. El reconocimiento a este manejo financiero no proviene únicamente de sus simpatizantes. Años después, Armando Villarreal, secretario de finanzas en el gobierno de Mario López Valdez, destacó públicamente la responsabilidad fiscal de Millán. Este tipo de reconocimientos, realizados en foros oficiales como el Congreso estatal, refuerzan la percepción de que su gestión representó un estándar de eficiencia y sostenibilidad en el uso de recursos públicos. 

Otra innovación al inicio de gobierno de Don Juan Millán fue la convocatoria abierta a todo profesional del Derecho para que se inscribieran para el cargo de fiscal general del Estado, participando en un examen público ante un grupo de 12 ciudadanos (empresarios, académicos, profesionales del derecho con experiencia y prestigio) que votaría una terna para enviar al Congreso del Estado y de esa propuesta se nombrara al Fiscal. Los mejores fueron Gilberto Higuera Bernal y Oscar Fidel González Mendívil. Higuera Bernal participó en un certamen nacional similar que convocó el presidente Vicente Fox siguiendo el ejemplo de Sinaloa. Gilberto Higuera obtuvo el primer lugar Nacional siendo incorporado a la Procuraduría General de la República junto al Gral. Rafael Macedo de la Concha. Hasta la fecha Gilberto Higuera ha estado en varios cargos relacionados con la Procuración de Justicia. Hasta hace no mucho tiempo se desempeñó con gran reconocimiento y prestigio como fiscal general del Estado de Puebla. En el caso de González Mendívil también desempeñó el cargo de fiscal general de Sinaloa los tres últimos años del sexenio del Licenciado Millán.  

Una situación relevante que agravia a la sociedad sinaloense por la situación de inseguridad que atraviesa Sinaloa en estos momentos, son los resultados en homicidios dolosos desde la época de Renato Vega Alvarado, en donde registró 3,877 asesinatos y el siguiente gobierno encabezado por Juan S. Millán disminuyó en 3,137 homicidios. Esto no para ahí, la violencia repuntó significativamente en el gobierno de Jesús Aguilar Padilla, en donde registró un aumento sustancial de 6,626 homicidios dolosos. Y con Mario López Valdez la cifra aumentó a 7,727. Con Quirino Ordaz Coppel, descendió aparentemente, porque su gobierno fue de cinco años durante los cuales hubo 5,080 homicidios dolosos. De tal manera que la violencia en Sinaloa derivada del narcotráfico no es nada nuevo. Es un tema cíclico, como ocurre con los fenómenos meteorológicos. Unos años es catastróficos, otros años es ruinoso, otras veces es endeble, y hay ocasiones en que ni siquiera llueve y azota la sequía en el estado, como ha ocurrido en estos últimos años. 

El legado de Millán se magnifica al compararlo con administraciones posteriores. Mientras que su gobierno sentó bases para la transparencia y la rendición de cuentas, otros gobernantes revirtieron estas prácticas. Jesús Aguilar Padilla (+), por ejemplo, eliminó las comparecencias del gobernador, debilitando un ejercicio que había fortalecido la democracia participativa. Asimismo, gobiernos posteriores optaron por un modelo de financiamiento basado en deuda pública, incrementando las obligaciones financieras del estado. Estas comparaciones no solo resaltan los aciertos de Millán, sino que también evidencian la importancia de consolidar mecanismos institucionales que trasciendan los ciclos políticos, evitando retrocesos en áreas fundamentales como la transparencia y la sostenibilidad fiscal. 

Cuando hablamos de la gran visión de Juan S. Millán, nos referimos a grandes cosas que hizo por Sinaloa, que hoy son una realidad; por ejemplo, convencer al presidente de la República en su mandato, Vicente Fox, en la realización de una obra majestuosa, que hoy en día es toda una realidad económica para Sinaloa: la carretera de cuatro carriles Mazatlán-Durango. Además, si bien es cierto que, el ex – gobernador Francisco Labastida Ochoa inició con el proyecto visionario de la zona de moda en la capital, Culiacán, el proyecto urbano 3 Ríos, donde Don Juan Millán fue quién la concretó y operó, para ello realizó los convenios y negociaciones para que el proyecto urbano Tres Ríos detonara y se realizara en lo que hoy está convertido. Así mismo, inició el proyecto de la presa »Picachos», firmándolo desde sus inicios en el 2004, último año de su ejercicio de gobierno. Así como también de ser pionero de la conformación y realización de la Confederación Nacional de Gobernadores (CONAGO), donde por cierto se desarrolló la primera reunión en el puerto Mazatleco. Además, fue partícipe de la ampliación del majestuoso malecón a cuatro carriles del puerto Mazatleco, lo que provocó más inversión, desarrollo y estrategia a largo plazo. Además, ha sido el único Gobernador de Sinaloa que no entregó en su sexenio ningún FIAT notarial, dada a su sobrerrepresentación que existía de notarios por habitante, y muchos de los pretensos, no eran aptos para tal nombramiento.   

GOTITAS DE AGUA: 

El mandato de Juan S. Millán es un recordatorio de que la innovación en la política no siempre implica grandes discursos, sino decisiones estratégicas que, aunque silenciosas, generan cambios duraderos. En una época donde la confianza en las instituciones se encuentra debilitada, su ejemplo de transparencia y prudencia fiscal y logros obtenidos debería ser un referente para los líderes actuales y futuros. 

En política, como en el baloncesto, no se trata solo de ganar partidos, sino de construir equipos y estrategias que trasciendan el momento. Juan S. Millán no solo gobernó; dejó un modelo de liderazgo que, a pesar de los desafíos, sigue siendo relevante y digno de reproducir. La verdadera pregunta es: ¿serán los líderes actuales capaces de retomar y superar estas prácticas, o seguirán jugando en una cancha marcada por la opacidad y la improvisación?                                                                                                  

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