SOBRE EL CAMINO

Por. – Benjamín Bojórquez Olea.

La elección que podría destapar el cofre de los millones perdidos

En las tragedias griegas, el momento más doloroso no es cuando el destino golpea, sino cuando los personajes saben perfectamente lo que está mal… y aun así deciden caminar hacia ello. Algo parecido parece estar ocurriendo hoy en la Universidad Autónoma de Occidente.

Los informes preliminares indican que la Planilla Roja aventaja a la Planilla Verde. Y más allá de lo electoral, ese dato encierra una lectura profundamente incómoda: si esa tendencia se confirma, significa que la corrupción no solo sobrevive… también se protege, se normaliza y se premia. 

Porque en política sindical —como en la filosofía más cruda del poder— los resultados electorales no siempre reflejan convicción moral. Muchas veces reflejan miedo, dependencia o cálculo. Y eso es precisamente lo que hoy observa con inquietud la comunidad lince.

La elección que vive el sindicato de la Universidad Autónoma de Occidente dejó de ser una competencia ordinaria entre proyectos. Se ha convertido en un dilema moral para la base trabajadora. Una especie de espejo incómodo en el que cada voto no solo define quién dirige un sindicato, sino qué tipo de cultura política se está dispuesto a tolerar. 

Por un lado, la Planilla Verde ha sido percibida por muchos como una posibilidad de cambio. No como una solución mágica —porque en política no existen los milagros— sino como una oportunidad mínima para recuperar algo que el sindicalismo universitario perdió hace tiempo: la transparencia, la dignidad laboral y la defensa auténtica de los trabajadores.  

Del otro lado se encuentra la Planilla Roja, que para muchos representa algo más que un proyecto político. Representa una muralla. Un muro diseñado para proteger las espaldas de un nombre que sigue pesando como una piedra en la conciencia colectiva universitaria: Raúl Portillo Molina. No son un contrapeso, son una camarilla de ambiciosos que solo buscan esconder los desfalcos millonarios que hasta el momento no han sido suficientes para devolverle la credibilidad a la institución.

La pregunta sigue ahí, flotando en el aire institucional como una sombra persistente: ¿Dónde quedaron los 5.3 millones de pesos que aún no han podido ser explicados? todo parece, hasta el momento, que poco importa.

Esa pregunta debería ser el punto de partida de cualquier conversación seria sobre rendición de cuentas. Sin embargo, en lugar de respuestas lo que ha aparecido es el viejo manual del clientelismo sindical.

En los últimos días han comenzado a circular promesas que apelan directamente a una de las vulnerabilidades más profundas del trabajador: la necesidad. Préstamos. Créditos de vivienda. Facilidades financieras que se presentan como si pudieran materializarse con la simple voluntad de una campaña electoral. Pero cualquiera que entienda mínimamente cómo funciona el sistema financiero sabe que esas promesas no nacen de discursos improvisados.

Un esquema de créditos de vivienda requiere fideicomisos, respaldo institucional, reglas claras, supervisión de autoridades federales y viabilidad financiera real. No se construye con discursos de última hora ni con promesas lanzadas al aire a pocos días del resultado final. Por eso la pregunta inevitable vuelve a surgir: ¿Estamos frente a una propuesta seria… o frente a un anzuelo electoral? Porque cuando la política sindical comienza a utilizar la necesidad de los trabajadores como carnada, lo que aparece no es liderazgo. Lo que aparece es desesperación. Pero el tablero tiene más piezas de las que se ven a simple vista.

En esta elección también se percibe la sombra del STASE, el Sindicato de Trabajadores al Servicio del Estado. Diversas voces dentro del propio gremio universitario señalan que su dirigencia ha decidido intervenir abiertamente en el proceso para respaldar al candidato de la Planilla Roja, Carlos Leal. Sin embargo, dentro de la propia comunidad universitaria muchos no ven a Leal como el verdadero jugador central. Lo perciben como una pieza dentro de un ajedrez mayor.

El alfil de un tablero más amplio que incluye a Raúl Portillo Molina… y, en los márgenes del poder universitario, al nombre de Ezequiel Avilés Ochoa, a quien algunos describen como el eterno aspirante a la rectoría. Y ahí es donde la historia se vuelve todavía más inquietante. 

Porque el verdadero nerviosismo en ciertos círculos no parece provenir de la elección misma. Proviene de lo que podría ocurrir si el resultado fuera distinto al esperado. ¿Qué pasaría si la Planilla Verde gana?  ¿Qué ocurriría si alguien decide abrir los archivos? ¿Qué pasaría si la comunidad lince exige conocer no solo el destino de los 5.3 millones de pesos, sino también el manejo de aproximadamente 70 millones de pesos que el STASE administra con aportaciones de los propios trabajadores universitarios? Ese dinero no es una abstracción contable. Es el esfuerzo acumulado de cientos de trabajadores. Es salario convertido en confianza institucional. 

Por eso algunos actores parecen tener tanta prisa por cerrar filas. Porque si la Planilla Verde llegara a ganar, lo natural sería que ese recurso se defendiera como lo que realmente es: patrimonio de la comunidad universitaria. Y entonces esta elección dejaría de ser sindical para convertirse en algo más profundo. Una disputa por la verdad.

Si gana la Planilla Roja, muchos temen que lo que hoy está bajo sospecha terminará enterrado bajo otra capa de silencio. Pero si gana la Planilla Verde, la historia podría tomar otro rumbo. Podría abrirse aquello que en la mitología se conoce como la caja de Pandora. Y cuando esa caja se abre, no solo salen preguntas. Salen nombres. Salen responsabilidades. Salen acuerdos que durante años prefirieron mantenerse en secrecía.

Por eso este proceso interno de la Universidad Autónoma de Occidente no es menor. No es trivial. No es simplemente administrativo. Es una radiografía del viejo dilema del poder en México: proteger estructuras… o permitir que la verdad respire.

Porque hay algo profundamente vergonzoso cuando una comunidad decide mirar hacia otro lado mientras la rendición de cuentas se ahoga en silencio. Y esa vergüenza —si se confirma la tendencia actual— no recaerá solamente en quienes administran mal los recursos. También recaerá en quienes, sabiendo lo que ocurre, prefirieron votar por la comodidad del silencio.

GOTITAS DE AGUA:

La moneda sigue en el aire. Pero cuando finalmente caiga sobre la mesa, la comunidad lince no habrá elegido solamente una planilla. Habrá elegido algo mucho más profundo: entre la tranquilidad de la opacidad… o la incomodidad de la verdad.

Porque abrir la caja de Pandora siempre da miedo. Pero seguir viviendo dentro de la corrupción… debería dar mucho más. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…                                                                                                                             

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