El torero queretano firmó la faena más emotiva, artística y temeraria de la tarde en el coso texcocano
Por Fermín Josep Arrufat Calaf

En tarde calurosa y con cielo despejado se realizó el segundo festejo del año en la coqueta placita de Cinco Villas, ubicada en el municipio de Santiago Cuautlalpan, Texcoco, Estado de México, el sábado 25 de abril a las 13:00 hrs, en la que alternaron el diestro extremeño Emilio de Justo, que debutó en dicha plaza, acompañado por el matador guanajuatense Diego Silveti, que repetía en ese mismo escenario tras su triunfo el pasado 22 de febrero y junto a ellos el torero queretano Diego San Román; quienes despacharon un encierro de la ganadería zacatecana de Boquilla del Carmen, propiedad de Don Manuel Sescosse Varela, ante un aforo de plaza casi llena.

El fino torero extremeño de Torrejoncillo, Emilio de Justo dejó detalles de arte y excelsa torería toreando al ralentí en su primer ejemplar que tuvo fijeza en el engaño, tanto en el capote, pero principalmente en la muleta, al que se gustó deleitando a la afición con series por derechazos y naturales en terreno de los tercios y en los medios del ruedo, con los que despertó los primeros olés de la tarde.

Prosiguió con toreo de detalles, acariciando las débiles embestidas del primero de su lote, dándole su tiempo, distancia y aprovechando el poco recorrido que ya acusó adentrada la faena, no obstante, el magisterio de su muleta, hizo posible dejar instantáneas memorables en el gusto de los asistentes. Mató de estocada entera, desprendida y perpendicular de efecto casi inmediato. Escuchó palmas en el tercio.
En su segundo toro, de menor calidad, poco pudo lucir Emilio con el percal, solamente limitándose a bregar muy bien hasta los medios para ponerlo en suerte al caballo, ante el cual recibió solo un pequeño puyazo para evitar se desfondara pronto.
Sobresalió el banderillero Jorge Delijorge quien dejó un buen par de banderillas al primer ejemplar de Emilio.

De muleta, y ante las condiciones del burel, el de Torrejoncillo lució toreo pulcro en vertical por el lado derecho, que fue el lado más provechoso del astado que menor recorrido tuvo.
Concluyó dejando buenas sensaciones en los tendidos pese a lo poco potable de su segundo toro, sin embargo el público fue comprensivo y apreció el esfuerzo y la labor del fino torero hispano quien dejó una estocada entera, contraria y delantera que fue suficiente para despachar a su segundo ejemplar. Escuchó de nueva cuenta aplausos.
Por su parte, el torero guanajuatense de dinastía Diego Silveti, se topó con el lote de menos calidad del encierro, con los cuales en sus respectivos turnos con el segundo y quinto del festejo, solamente pudo lucir buen oficio a la brega con el capote para poder hallarle recorrido y modos por alguna de las astas de sus bureles.

De muleta, de igual manera solo pudo reafirmarse como un torero ya maduro que sabe aprovechar las pocas opciones de los ejemplares que le tocan en suerte, gustandose con muletazos suaves por ambos pitones, sin exigirle demasiado sus respectivos toros ante los que dibujó muletazos pintureros con con la diestra y con la de cobrar que desataron los olés de un público que se encontró paciente, comprensivo y atento a sus faenas.
Pinchó en su primer logrando matar al tercer intento con la toledana y recurrió al descabello en su segundo toro. Su segundo burel de lidia ordinaria fue sustituido por otro ejemplar, ya que el quinto en el orden se despitorró al rematar en un burladero.

El torero queretano Diego San Román en cambió, salió a robarse las palmas de los asistentes, a los cuales encantó con su menaje con el capote al saludarlo con faroles de rodillas al hilo de tablas, a las cuales siguió con verónicas estatuarias y muy toreras en los medios del ruedo.
El toro, que ya lucía con visos de bueno, se arrancó de largo al caballo, recibiendo un buen puyazo, del que fue reconocido el varilarguero por la buena ejecución del cierre del primer tercio. Sobresalió el banderillero Gerardo Angelino al colocar dos buenos pares de rehiletes.

Inició San Román su faena de muleta en los medios del ruedo citando al toro para hacer un pase cambiado por la espalda, a los que ligó con pases de pecho y de nueva cuenta con cambiados por la espalda con los que arrebató emotivos olés y puso a la clientela de su lado.
Continuó con series por derechazos en los que porfió cruzándose de pitón, a los que continuó con naturales templados y en vertical que fueron seguidos por una sinfonía de olés que ya venian acentuándose momentos antes durante el inicio de su faena, que ligó con una serie de naturales en redondo. La faena estaba hecha.

Un toro noble, que colaboró y humilló de forma destacable al que el diestro queretano supo entender y lucir. Remató con tres series de dosantinas en los medios, de las que al sentirse podido el astado, comenzó a protestar echando las manos por delante al final del muletazo, sin embargo, en ningún momento mostró malicia ni peligro.
Mató San Román de estocada entera en buen sitio, por lo que el juez de plaza Don Luis Gallardo le concedió dos orejas y arrastre lento al buen ejemplar de Boquilla del Carmen.

En su segundo toro, Diego San Román cerró plaza con un ejemplar con poco recorrido al que poco pudo hacer tanto con el percal como con la pañosa. Careció de fijeza y de raza para lograr equiparar lo anteriormente visto con su primer toro y tercero del festejo, pero que sin embargo, dejó buenos momentos lidiando al sexto en los medios y cruzándose de pitón en pleno gesto temerario con el que arrancó las palmas del respetable.
Mató con media estocada “lagartijera” que tardó en hacer efecto y de la cual no fue necesario recurrir al descabello. Escuchó ovaciones y dió vuelta al ruedo saliendo de la plaza en calesa, como se acostumbra en el bello coso de Cinco Villas.
