Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
La piñata que se niega a romperse
La frase de Claudia Sheinbaum y su respaldo hacia el gobernador sinaloense con licencia, Rubén Rocha Moya, resuena con fuerza en un país históricamente marcado por intervenciones, presiones y asimetrías en su relación con Estados Unidos. “México no es piñata de nadie”, afirmó la presidenta al conmemorar el segundo aniversario de su triunfo electoral. La expresión fue celebrada por cientos de miles de simpatizantes en las 32 entidades federativas y rápidamente se convirtió en una declaración de principios sobre soberanía, dignidad nacional y autodeterminación.
El mensaje es poderoso porque toca una fibra sensible de la identidad mexicana. Ninguna nación que se respete puede aceptar ser tratada como un patio trasero ni como una ficha de negociación en los intereses políticos de otros países. En ese sentido, la defensa de la soberanía siempre será una causa legítima.
Sin embargo, las frases históricas tienen una doble responsabilidad: no solamente deben emocionar, también deben resistir la prueba de la realidad.
La soberanía no se demuestra únicamente desde un templete ni mediante consignas que generan aplausos. Se demuestra cuando el Estado tiene capacidad para garantizar seguridad, justicia, crecimiento económico y bienestar para sus ciudadanos. Y ahí es donde el discurso enfrenta los desafíos más complejos.
En Sinaloa, por ejemplo, la gobernadora interina Geraldine Bonilla Valverde habló de unidad, de respaldo a la presidenta y de continuidad en el llamado segundo piso de la Cuarta Transformación. El mensaje fue claro: el movimiento sigue de pie, cohesionado y comprometido con las causas sociales. Miles de personas acudieron a la explanada de Palacio de Gobierno para refrendar ese apoyo.
La verdadera fortaleza de un proyecto político no se mide por la cantidad de asistentes a un acto multitudinario ni por la disciplina de sus estructuras partidistas. Se mide por su capacidad para resolver problemas concretos y transformar la realidad cotidiana de las personas.
La Cuarta Transformación ha construido una narrativa poderosa basada en la justicia social, la reivindicación de los sectores históricamente olvidados y la defensa de la soberanía nacional. Esa narrativa explica gran parte de su respaldo popular. Sin embargo, todo proyecto que permanece en el poder enfrenta una prueba inevitable: dejar de culpar al pasado y asumir plenamente la responsabilidad del presente.
La frase “México no es piñata de nadie” puede interpretarse como una advertencia hacia el exterior. Pero quizá también debería entenderse como un compromiso hacia adentro. Un compromiso para que los mexicanos no sigan siendo la piñata de la violencia, de la corrupción, de la impunidad o de las desigualdades que durante décadas han golpeado al país.
GOTITAS DE AGUA:
La soberanía nacional es indispensable. El respeto internacional también. Pero la legitimidad más profunda de cualquier gobierno no nace de la confrontación con actores externos ni de la fuerza de sus símbolos políticos. Nace cuando los ciudadanos sienten que viven mejor, que están más seguros y que el futuro ofrece más oportunidades que incertidumbres.
Las consignas inspiran. Los resultados trascienden. Y la historia, tarde o temprano, siempre termina evaluando a los gobiernos. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…
