Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
Los cuadros no aplauden
Hay silencios que dicen más que mil discursos. Uno de esos silencios pertenece a Juan S. Millán Lizárraga.
Dicen que después de alcanzar la gubernatura de Sinaloa, en uno de esos momentos donde el poder suele embriagar a muchos, él levantó la mirada hacia los retratos de quienes habían ocupado antes el despacho principal del estado. No observaba cuadros. Observaba destinos. Observaba juicios. Observaba la historia.
Y quizás sintió miedo. No el miedo de perder una elección. No el miedo a los adversarios. No el miedo a la crítica. El miedo más difícil de todos: el de no estar a la altura de la confianza de un pueblo.
Hoy que la política atraviesa una profunda crisis de credibilidad, vale la pena detenernos un instante y recordar que alguna vez hubo gobernantes que entendieron que el poder era un préstamo temporal y no una propiedad personal.
Don Juan Millán comprendió algo que parece haberse perdido entre los gritos, las campañas permanentes y las divisiones artificiales: gobernar es un acto de servicio. Por eso construyó puentes cuando otros levantaban muros. Escuchó cuando otros imponían. Convocó cuando otros excluían. Y entendió que un gobernador no pertenece a un partido, sino a la totalidad de los ciudadanos, incluso a aquellos que jamás votarían por él.
Quizás esa fue una de las razones por las que logró algo que hoy parece extraordinario: generar respeto más allá de las diferencias políticas. Porque la verdadera autoridad no nace del cargo. Nace de la conducta. Nace de la congruencia. Nace de la capacidad de mirar a los ojos a la gente sin esconderse detrás del poder.
Los sinaloenses de hoy viven tiempos difíciles. Familias enteras enfrentan incertidumbre, preocupaciones económicas, problemas de seguridad cíclica y una creciente sensación de distancia entre los ciudadanos y quienes toman decisiones desde las oficinas públicas.
Y es precisamente en momentos así cuando las sociedades vuelven la vista hacia atrás, no para vivir de la nostalgia, sino para encontrar referencias morales. Referencias de lo que sí funcionó. Referencias de lo que sí inspiró. Referencias de lo que sí unió.
El licenciado Juan Millán entendió que las obras materiales son importantes, pero también sabía que existe algo mucho más duradero: las obras invisibles. La confianza. La reconciliación. La palabra cumplida. El respeto entre adversarios. La capacidad de sentar a todos en una misma mesa para construir soluciones.
Esas son las obras que no aparecen en las placas inaugurales, pero permanecen durante generaciones. Quizás por eso resulta tan poderosa aquella reflexión que alguna vez expresó un brujo hungaro: “Hay políticos que admiro, ahora no sé si lo merecen”.
No parece una frase dirigida a otros. Parece una advertencia para todas y todos. Porque el poder tiene una peligrosa capacidad de transformar a las personas. Algunos llegan con ideales y terminan atrapados por la soberbia. Otros llegan prometiendo cercanía y terminan encerrados entre aduladores. Algunos llegan para servir y terminan sirviéndose.
Por eso la historia es implacable. Porque no recuerda los discursos. Recuerda los resultados. No recuerda las promesas. Recuerda el cumplimiento. No recuerda la propaganda. Recuerda la huella humana que dejó cada gobernante en la vida de las personas.
Hoy, cuando tantos ciudadanos sienten decepción hacia la política, la figura de Juan S. Millán debería ser observada con atención por toda la clase gobernante. No como un monumento. No como una leyenda. Sino como un recordatorio. Un recordatorio de que el poder puede ejercerse con dignidad. De que la firmeza no está peleada con la sensibilidad. De que se puede gobernar sin odio. De que se puede construir sin destruir al adversario. Y de que la política, cuando se practica con grandeza, puede convertirse en una herramienta para reconciliar a una sociedad.
GOTITAS DE AGUA:
Los cargos pasan. Las oficinas se desocupan. Los reflectores se apagan. Los aplausos terminan. Pero llega un día en que cada hombre y cada mujer que ocupó una responsabilidad pública se queda a solas frente a la historia. Y en ese instante ya no importan los partidos. Ya no importan las encuestas. Ya no importan los colores. Solo importa una pregunta. Una pregunta sencilla y brutal. ¿La gente vivió mejor gracias a tu paso por el poder?
Quizás por eso Don Juan Millán levantó la mirada hacia aquellos retratos. Porque entendía que el verdadero juez de un gobernante no es el presente. Es el tiempo. Y el tiempo, tarde o temprano, siempre termina diciendo la verdad. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…
Mi columna disponible en los siguientes portales:
Facebook: https://www.facebook.com/benjamin.bojorquez.2025?mibextid=ZbWKwL
Sigue el canal de Columna: Sobre El Camino🖊️ en WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029Vb7eAQB2phHFjVRdLF2W
Síntesis de Prensa del Doctor Héctor Muñoz: https://sintesisdeprensadrhectormunoz.com/newpreview.php?id=942&tipo=1
Gimperionws Tv: https://gimperionws.tv/2025/10/31/sobre-el-camino-529/
Entre Veredas: https://www.entreveredas.com.mx/2025/10/cuando-el-crimen-habla-y-la-oposicion.html
Primero Editores: https://primeroeditores.com.mx/opinion/sobre-el-camino-276/
Yo Digo Yo Pregunto: https://yodigoyopregunto.com/2025/10/06/sobre-el-camino-53/
Tamayo Informa: https://tamayoinforma.com/2025/01/13/sobre-el-camino-3/
Revista POLITEIA: https://revistapoliteia.com
Voces Nacionales (Alvaro Aragón Ayala): https://vocesnacionales.com/2025/09/15/sinaloa-entre-filetes-y-promesas-frias-el-snte-27-en-ruinas/
OV El Analista: https://ovelanalista.com/columna-sobre-el-camino-3/
