En nuestro país, el cuidado de personas enfermas o en estado de postración recae principalmente en el entorno familiar, afectando las actividades cotidianas de uno o más integrantes del núcleo más cercano al paciente, quienes en muchas ocasiones faltan o tienen que abandonar empleos o estudios.
De tal suerte, la diputada federal Mónica Sandoval presentó ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, una propuesta para garantizar que las personas no pierdan sus trabajos por ausencias provocadas por el cuidado de quienes requieren este tipo de atención.
Con la propuesta se busca que la intermitencia en el trabajo no sea motivo de exclusión o discriminación laboral, siempre y cuando “derive del ejercicio de responsabilidades de cuidado no remunerado de personas dependientes”.
En caso de ser aprobada, los empleadores deberán adecuar sus políticas internas de Recursos Humanos a lo dispuesto en el Decreto, en un plazo no mayor a 180 días naturales.
La pandemia de Covid-19, puso en evidencia la precariedad del sistema de salud mexicano, así como la vulnerabilidad de quienes asumen roles de cuidado de manera formal o informal, casi siempre sometidos a sobrecargas físicas, emocionales, sociales, incluso económicas.
La proyección en esta materia es amplia, de acuerdo con la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022, más de 58 millones de mexicanos son susceptibles a recibir cuidados, de ellos, unos 5.6 millones son personas con alguna discapacidad y requieren asistencia para realizar sus actividades básicas, en 61 por ciento de los casos los cuidados recaen en algún familiar.
Pero la necesidad de cuidados no siempre obedece a factores de enfermedad o discapacidad, también los accidentes contribuyen, como lo refieren las autoridades mexicanas en su Informe de Seguridad Vial 23-24, con especial énfasis en la población joven y económicamente activa.
Este contexto dificulta la búsqueda u obtención de trabajo y en muchos casos su abandono, especialmente entre el género femenino. Según diversos estudios, casi la mitad de las mujeres mexicanas no buscan empleo debido a labores de cuidado en sus hogares. Asimismo, 49 por ciento de mujeres cuidadoras permanecen fuera del mercado laboral, pero dedican unas 38 horas semanales a esas actividades, generalmente sin recibir ninguna remuneración, mientras que los varones destinan 30 horas.
Aunque el trabajo de cuidados no remunerado representa aproximadamente 26 por ciento del Producto Interno Bruto nacional, todavía no es una labor suficientemente reconocida; carece de protección laboral y representa altos costos personales y familiares.
Como consecuencia, miles de personas reducen sus jornadas laborales, migran hacia la informalidad o abandonan completamente sus empleos para atender a familiares dependientes, afectando no solo sus ingresos presentes, sino también su estabilidad económica futura y el acceso a derechos fundamentales como la seguridad social y una pensión digna.
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