Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
Buscando a Memo
Existe una frase de Jesús Reyes Heroles que conserva una vigencia extraordinaria: «En política, la forma es fondo.» Pero quizá habría que agregarle otra verdad que los partidos suelen descubrir demasiado tarde: el tiempo también es fondo. Porque el tiempo desnuda liderazgos, desmonta espejismos y termina colocando a cada personaje exactamente en el tamaño político que merece.
Guillermo Romero Rodríguez, lejos del ruido cotidiano, concentrado en su familia y en la responsabilidad de sus empresas, pareciera vivir una pausa voluntaria. Sin embargo, basta recorrer las conversaciones políticas de Mazatlán para entender que su nombre sigue apareciendo una y otra vez. No porque él lo provoque, sino porque su ausencia continúa generando presencia.
Su capital político sobrevive porque fue construido sobre algo mucho más difícil de fabricar: reconocimiento social, credibilidad y cercanía ciudadana.
La elección municipal pasada suele analizarse únicamente desde quién ganó. Sin embargo, la política seria también estudia quién logró alterar el equilibrio del poder.
Romero Rodríguez no protagonizó una campaña convencional. En realidad enfrentó una maquinaria política prácticamente completa. No compitió únicamente contra una candidata. Compitió contra una marca electoral consolidada, contra una estructura territorial aceitada, contra el peso institucional del gobierno y contra toda la inercia que suele acompañar al ejercicio del poder.
Aun así, consiguió una votación que, en cualquier otro escenario competitivo, habría sido suficiente para convertirse en presidente municipal de Mazatlán. Quizá por eso, nos guste o no, el nombre de Memo Romero continúa circulando con tanta fuerza.
El PAN sabe perfectamente que buena parte de su competitividad reciente pasó por su candidatura. El PRI entiende que personajes con capacidad real de movilización ya no abundan. Y Morena, cuyo pragmatismo electoral forma parte de su ADN político, tampoco desperdicia la posibilidad de incorporar perfiles que amplíen su margen de crecimiento, especialmente cuando existen puentes nacionales tan relevantes como la relación que mantiene con Marcelo Ebrard.
Por eso resulta lógico que todas las fuerzas políticas observen a Memo Romero. No solamente ven a un empresario exitoso. Ven a un hombre que logró conectar con sectores empresariales sin romper comunicación con los barrios populares; que puede dialogar con inversionistas y, al mismo tiempo, caminar una colonia sin necesidad de escoltas políticas; que mantiene una imagen de sencillez en una época donde la arrogancia suele convertirse en la enfermedad profesional de muchos servidores públicos.
Si finalmente decide regresar encabezando una nueva alianza opositora, modificará el mapa electoral del puerto. Si acepta una eventual invitación de Morena, también moverá profundamente las coordenadas internas de ese partido y obligará a reescribir muchos cálculos.
GOTITAS DE AGUA:
Hoy Memo Romero tiene algo que ningún partido puede regalarle y que ninguna campaña puede fabricar. Tiene margen de decisión. Y en política, quien posee margen de decisión posee poder.
Porque el auténtico poder no consiste únicamente en ganar elecciones. Consiste en provocar que todos quieran sentarse a negociar contigo incluso cuando no estás buscando un cargo.
Esa clase de activos aparecen muy pocas veces. Y cuando aparecen, los partidos inteligentes dejan de preguntar de dónde vienen. Empiezan a preguntarse cómo convencerlos de caminar a su lado. Sin duda hay derrotas que construyen gigantes. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…
