SOBRE EL CAMINO

Por. – Benjamín Bojórquez Olea.

Luis Vega Aguilar le dio sombra a toda una generación política

Quizá las nuevas generaciones apenas hayan escuchado su nombre. Es entendible. Vivimos en una época donde el algoritmo ha desplazado a la memoria y donde la popularidad suele confundirse con la trascendencia. Sin embargo, basta recorrer la historia política contemporánea de Sinaloa y de distintas regiones del país para descubrir un dato que difícilmente admite discusión: pocos personajes han ayudado tanto a construir carreras políticas sin reclamar reflectores como el sinaloense adoptado Luis Vega Aguilar.

Desde hace varios lustros, gobernadores, senadores, diputados federales y locales, presidentes municipales, funcionarios de primer nivel, dirigentes partidistas y operadores políticos de prácticamente todas las corrientes ideológicas han encontrado en Luis Vega Aguilar un consejo oportuno, una gestión, una recomendación, una puerta abierta o simplemente una mano extendida cuando más la necesitaban.

Mientras muchos construyen grupos políticos para asegurar cuotas de poder, Luis Vega Aguilar construyó algo mucho más difícil de conseguir: amistades.

Los grupos nacen y mueren con los sexenios. Las amistades auténticas sobreviven incluso cuando cambian los colores, las siglas y los discursos.

Su formación militar le enseñó disciplina. La administración pública le enseñó eficacia. Pero fue la política la que terminó enseñándole que la lealtad vale mucho más que la conveniencia del momento.

A diferencia de quienes entienden el servicio público como una plataforma para ajustar cuentas, Luis Vega Aguilar optó por otro camino. El de la reconciliación. El de la generosidad. El de la memoria sin rencor.

Como ocurre con muchos mexicanos que abandonan su tierra para abrirse paso en otros horizontes, también conoció la ingratitud. Hubo quienes minimizaron su capacidad cuando apenas iniciaba su trayectoria. Hubo quienes cerraron puertas creyendo que jamás volverían a cruzarse en su camino.

Pero la política tiene una curiosa costumbre: da muchas vueltas. Y cuando el tiempo colocó a Luis Vega Aguilar en posiciones de influencia dentro del ámbito nacional, muchos de aquellos que antes voltearon hacia otro lado regresaron buscando respaldo.

Pudo haber cobrado facturas. Pudo haber administrado agravios. Pudo haber convertido el poder en un instrumento de revancha. No lo hizo.

Su anecdotario político recorre prácticamente toda la historia reciente de Sinaloa. Desde los tiempos del gobernador Juan S. Millán hasta las nuevas generaciones de servidores públicos, Luis Vega Aguilar ha sido testigo, consejero y constructor silencioso de innumerables proyectos políticos.

¿Cuántos gobernadores, senadores, diputados, alcaldes, dirigentes, funcionarios y actores públicos pueden decir, con absoluta honestidad, que en algún momento de su carrera no recibieron una orientación, una gestión, un consejo o una oportunidad de Luis Vega Aguilar?

Probablemente muy pocos. Y si la respuesta es afirmativa para buena parte de ellos, entonces también habría que aceptar otra realidad.

La política sinaloense mantiene una deuda pendiente con uno de sus constructores más discretos de la política contemporánea.

No una deuda económica. Ni burocrática. Mucho menos partidista. Una deuda infinitamente más valiosa. La gratitud.

Quizá el mayor legado de Luis Vega Aguilar no se encuentre en los cargos que ocupó de talla nacional ni en los personajes con quienes convivió o continúa frecuentando con la palma de su mano. Tal vez su verdadera herencia sea demostrar que el poder más sólido no nace de un escritorio, ni de una elección, ni de una oficina gubernamental.

GOTITAS DE AGUA:

En tiempos donde muchos confunden influencia con popularidad, Luis Vega Aguilar recuerda que el prestigio auténtico no se construye acumulando seguidores, sino dejando huellas en la vida de los demás. Quizá por eso, buena parte de la clase política sinaloense, comparte una misma deuda: agradecer, con la misma discreción con la que él siempre decidió servir.

«Si cierran la puerta, apaguen la luz»
“Nos vemos el lunes, si Dios y la ciencia médica lo permite”…

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