SOBRE EL CAMINO

Por. – Benjamín Bojórquez Olea.

La verdadera obra del alcalde Jorge Bojórquez no será de concreto

Hay políticos que administran el presente y hay políticos que entienden que gobernar significa, sobre todo, atreverse a construir el futuro.

El alcalde de Navolato, Dr. Jorge Rosario Bojórquez Berrelleza, parece haber entendido esa diferencia.

Su reciente reunión con el rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Jesús Madueña Molina, para dar seguimiento a la construcción de la preparatoria de la UAS en la sindicatura de Villa Juárez municipio de Navolato podría parecer, a simple vista, una reunión institucional más. Pero detrás de esa fotografía hay algo mucho más importante: la decisión de poner a la educación en el centro de la transformación de una comunidad.

Y eso, en política, merece reconocerse. Porque Jorge Bojórquez no está hablando únicamente de una obra. Está hablando de oportunidades. De jóvenes. De familias. De futuro.

El Ayuntamiento de Navolato donó un terreno de más de una hectárea para hacer posible este proyecto. Y ese gesto tiene una lectura política que no debería pasar inadvertida: cuando un gobierno municipal decide poner patrimonio público al servicio de la educación, está apostando por algo que difícilmente puede medirse en un periodo de tres años. Está apostando por generaciones.

La sindicatura de Villa Juárez necesita precisamente eso. Necesita que alguien mire más allá de la coyuntura, más allá de las críticas cotidianas y más allá del calendario político. Y ahí es donde la figura del alcalde Jorge Rosario Bojórquez adquiere mayor relevancia. Porque gobernar también significa saber qué obras deben construirse aunque sus resultados políticos no sean inmediatos.

Una escuela no entrega votos al día siguiente. Una escuela entrega oportunidades durante décadas. Y esa diferencia separa a un administrador de un gobernante con visión.

Bojórquez Berrelleza tiene además una referencia histórica extraordinaria en su propio territorio.

Navolato es tierra de Juan de Dios Bátiz Paredes, aquel sinaloense nacido en este municipio que se convirtió en uno de los grandes impulsores de la educación técnica mexicana y figura fundamental en la creación del Instituto Politécnico Nacional en 1936.

El ingeniero Bátiz Paredes entendió algo que sigue teniendo una vigencia brutal: un país no se transforma únicamente repartiendo recursos; se transforma formando generaciones capaces de cambiar su realidad.

Por eso, impulsar una nueva preparatoria en la sindicatura de Villa Juárez tiene también un profundo simbolismo.

Es como si Navolato volviera a mirar hacia su propia historia para recordar que la educación puede ser el instrumento más poderoso para modificar el destino de una sociedad. Y Jorge Bojórquez está colocando su administración en esa ruta.

Pero hay algo todavía más importante. El alcalde no se ha limitado a anunciar el proyecto. Ha buscado darle seguimiento. Se ha reunido con el rector. Ha planteado la necesidad de coordinación permanente. Ha expresado disposición para acompañar el proceso hasta su conclusión.

Eso habla de una manera distinta de entender la responsabilidad pública. Porque las obras importantes no se construyen solamente cuando comienzan. Se construyen también cuando alguien está pendiente de que no se detengan.

Y aquí está uno de los mayores desafíos para el alcalde navolatense: llevar este proyecto hasta el último ladrillo y, posteriormente, garantizar que esa escuela tenga las condiciones para convertirse en una verdadera plataforma de movilidad social. Porque sería un error conformarse con inaugurar un edificio.

El verdadero éxito del Dr. Jorge Bojórquez estará en ver dentro de algunos años a los jóvenes de la sindicatura de Villa Juárez convertirse en profesionistas, técnicos, investigadores, maestros, empresarios y servidores públicos.

Ahí estará la verdadera obra. Lo que podría significar que, esta decisión tenga una dimensión política mucho más profunda de lo que parece.

En tiempos donde demasiados gobiernos se obsesionan con la obra que se puede fotografiar, el alcalde de Navolato está apostando por una obra cuyo resultado no cabe en una fotografía.

Y esa apuesta merece reconocimiento, ya que un presidente municipal puede dejar calles, parques, edificios y pavimento. Pero si logra dejar una generación mejor preparada que la que recibió, entonces dejó algo mucho más valioso: dejó futuro.

GOTITAS DE AGUA:

Jorge Rosario Bojórquez Berrelleza tiene frente a sí la oportunidad de convertir este proyecto en uno de los símbolos de su administración.

Y si lo consigue, no será solamente una preparatoria de la UAS en la sindicatura de Villa Juárez. Será una declaración política de principios: que en Navolato la mejor manera de construir futuro es invertir en quienes algún día tendrán que gobernarlo, transformarlo y defenderlo.

Y en la tierra de Juan de Dios Bátiz Paredes, difícilmente podría existir un homenaje más poderoso a su legado. Porque las grandes obras públicas se inauguran con discursos. Pero las grandes transformaciones sociales comienzan cuando un gobierno decide creer en sus jóvenes.

Y el Dr. Jorge Bojórquez parece haber decidido hacerlo. Ahí está la diferencia entre administrar un municipio y dejar una huella en su historia.

“Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…

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