DERECHO A LA INFORMACIÓN

Por Lucio Ramírez Medina

A la Sociedad se le Mide en Cómo Cuida a Sus Adultos Mayores  

Luis Wertman Zaslav, Comisionado del Servicio de Protección Federal, dice convencido: creo firmemente en la corresponsabilidad y la participación civil, y ratifica que, a una sociedad se le debe de evaluar, medir y hasta juzgar en cómo cuida, atiende y apoya a sus adultos mayores”. 

Explica: durante años se nos hizo creer que envejecer era sinónimo de deterioro inevitable. Hoy la ciencia demuestra lo contrario. Existen personas de 80 años o más con capacidades cognitivas comparables a las de individuos décadas más jóvenes.

El hallazgo es poderoso, pero la lección es mayor: la longevidad cognitiva no depende solo del cuerpo, sino del entorno. Las relaciones humanas, la pertenencia, la conversación y el propósito son factores protectores reales. Dicho de otra forma: el cerebro resiste mejor cuando la persona no está sola. Y aquí es donde la realidad nos alcanza.

Una de cada seis personas mayores sufre algún tipo de maltrato. En México, el envejecimiento viene acompañado de enfermedades crónicas, viudez, depresión y dependencia creciente. Pero hay un riesgo aún más silencioso: el abandono, el fraude, el despojo y la violencia, muchas veces dentro del propio entorno familiar.

Frente a este escenario, hubo una respuesta que sí funcionó. Hasta 2018, el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México logró algo que pocas instituciones alcanzan: legitimidad, credibilidad y confianza real de la ciudadanía, particularmente de las personas adultas mayores. No fue discurso. Fue ejecución.

A través de la Línea Plateada, se construyó un modelo de atención humana, especializada y permanente. Un modelo que no solo escuchaba, sino que orientaba, protegía, contenía y resolvía. Los resultados son contundentes:

Más de 700 mil personas adultas mayores atendidas. Niveles superiores de satisfacción, apoyo, ayuda, atención y seguridad. Una red que convirtió la vulnerabilidad en acompañamiento.

Este esfuerzo fue un caso de éxito local, un referente nacional y un modelo reconocido internacionalmente por la CEPAL. ¿Dónde estuvo la clave? En entender algo fundamental: cuidar a las personas mayores no es un trámite, es una responsabilidad compartida. No se trata de reaccionar, sino de prevenir. No se trata de atender casos, sino de construir confianza.

Porque cuando una persona mayor tiene a quién llamar, a quién acudir y en quién confiar, cambia todo. Cambia su seguridad. Cambia su tranquilidad. Cambia su dignidad. Y eso tiene implicaciones profundas.

La evidencia nos dice que las relaciones humanas protegen la mente. La experiencia nos demuestra que las redes de apoyo protegen la vida. Cuando ambas se alinean, el resultado no es menor deterioro: es mayor bienestar.

Hoy el reto es claro. No basta con vivir más años. No basta con programas aislados. No basta con buenas intenciones. Se necesita reconstruir entornos de confianza. Se necesita fortalecer redes familiares y comunitarias. Se necesita prevenir el abuso, el fraude y el despojo. Se necesita escuchar antes de que sea demasiado tarde. Y sobre todo, se necesita liderazgo. El tipo de liderazgo que no improvisa. Que no promete. Que ejecuta, mide y corrige. Que entiende que proteger a las personas mayores es una prueba de civilización.

Porque, al final, esa frase no es retórica. Es una medida real. Y en ese espejo, todos estamos siendo evaluados. El objetivo debe ser claro: que envejecer con dignidad, seguridad y acompañamiento no sea una excepción, sino una realidad para todos. Ese es el estándar. Ese es el compromiso. Esa es la ruta.

*Licenciado y Maestro en Periodismo    

lurame_3@hotmail.com                  @luciorm 

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