SOBRE EL CAMINO

Por. – Benjamín Bojórquez Olea.

Gobernadora Graciela Domínguez Nava: 

Permítame una licencia periodística para hablarle no desde la oposición ni desde la complacencia, sino desde una preocupación que debería ser común a todos los sinaloenses: usted no recibió un gobierno normal; recibió un gobierno obligado a reconstruir gobernabilidad.

El Congreso del Estado la designó por órdenes de Palacio Nacional gobernadora interina después de la licencia indefinida de Rubén Rocha Moya. Y aunque usted llega con experiencia legislativa, política y administrativa, sería un error pensar que esas credenciales, por sí mismas, alcanzan para enfrentar el tamaño de la crisis. 

Sinaloa necesita mucho más. Necesita oficio político, inteligencia institucional, capacidad técnica, territorio y, sobre todo, autonomía para tomar decisiones difíciles.

Ese es el primer consejo. 

No intente administrar el pasado. Construya el siguiente capítulo. 

Su mayor riesgo sería quedar atrapada en la lógica de los grupos, las lealtades, las cuotas o los intereses que acompañaron al gobierno anterior. Su responsabilidad constitucional es mucho más grande que cualquier compromiso político. 

Si algo debe caracterizar su administración es la capacidad de distinguir entre lealtad personal y responsabilidad institucional.

Y aquí viene una segunda recomendación, quizá más incómoda: 

Abra las puertas. Todas. No solamente las de Palacio de Gobierno. 

Abra canales con empresarios, agricultores, ganaderos, pescadores, universidades, sindicatos, organismos civiles, cámaras empresariales, iglesias, colectivos de víctimas, medios de comunicación y, sí, también con la oposición. 

La democracia no consiste en gobernar solamente con quienes piensan como uno. 

La gobernabilidad se prueba precisamente cuando el gobierno es capaz de sentarse frente a quien lo cuestiona sin convertirlo automáticamente en adversario. 

Sinaloa necesita una política de reconciliación institucional, no una política de trincheras. Y esa reconciliación tendrá que comenzar por el territorio. 

Usted misma ha planteado recorridos para reconstruir el diálogo con la población y atender directamente los problemas de la entidad. Hágalo, pero no permita que esos recorridos se conviertan en fotografías oficiales. 

Que sean instrumentos de diagnóstico gubernamental. Que cada visita produzca una matriz de problemas, responsables, presupuesto, plazo de solución e indicador de cumplimiento. 

Porque visitar una comunidad sin resolver nada es turismo político. Y Sinaloa ya tuvo suficiente de eso. 

La tercera recomendación es todavía más importante: 

No permita que la seguridad se convierta en una estadística. La violencia no solamente mata personas. También destruye inversión, altera cadenas productivas, modifica hábitos sociales, genera desplazamiento, deteriora la salud emocional de las comunidades y erosiona la confianza en las instituciones. 

Por eso la estrategia de seguridad debe ser integral: inteligencia, coordinación policial y militar, prevención social, atención a víctimas, investigación criminal y recuperación del espacio público. 

Usted ha señalado que la paz será una prioridad y que pretende atender también a víctimas y desaparición forzada. Ahora viene lo difícil: convertir esa definición política en resultados verificables. 

La cuarta recomendación: 

No subestime la economía. El campo, la pesca, el comercio, el turismo y la industria necesitan certidumbre. Ninguna política económica funciona plenamente cuando empresarios y productores sienten que el riesgo supera la oportunidad.

Por eso deberá construir una verdadera mesa de gobernanza económica. No una reunión protocolaria. Una mesa donde estén productores, empresarios, municipios, Gobierno estatal y Federación, con indicadores concretos de inversión, empleo, seguridad, infraestructura y recuperación sectorial. 

Y aquí aparece una palabra que puede definir su administración: coordinación. Con la Federación. Con los municipios. Con los poderes del Estado. Con los sectores productivos. Con la sociedad. 

Los 20 alcaldes deben recibir el mismo trato institucional independientemente de su partido. Porque una gobernadora no administra colores políticos. Administra un estado.

También tendrá que revisar su gabinete. Pero cuidado: un reacomodo no debe convertirse en una repartición de espacios. Necesita perfiles capaces de resistir la presión, resolver problemas y rendir cuentas. 

En una administración de crisis, el gabinete no puede ser una colección de amigos, operadores o sobrevivientes políticos. Debe ser un equipo de gestión pública. 

Y aquí quizá esté el punto más delicado de todos. 

Gobernadora: no permita que otros gobiernen por usted. 

Los operadores son necesarios. Los asesores son necesarios. Los grupos políticos existen y forman parte de la realidad. Pero el poder delegado en exceso termina convirtiéndose en poder perdido. 

Su autoridad tendrá que construirse con decisiones propias, resultados propios y responsabilidades propias. No basta con tener el respaldo institucional de Palacio Nacional. La legitimidad federal puede ayudar a comenzar; la legitimidad territorial solamente se consigue gobernando. 

Y aquí está la prueba definitiva. 

Sinaloa observará si usted llegó a administrar una transición o a reconstruir una institución. Porque usted tiene una oportunidad histórica, pero también una enorme vulnerabilidad política. 

Antes de asumir el interinato, usted misma había buscado participar en el proceso interno de Morena rumbo a la gubernatura de 2027. Hoy, al asumir el gobierno interino, las circunstancias cambiaron radicalmente. 

Por eso tendrá que cuidar algo más importante que cualquier candidatura: la credibilidad de Sinaloa.

Cada nombramiento será leído políticamente. Cada ausencia será interpretada. Cada reunión tendrá significado. Cada silencio tendrá consecuencias. Cada error administrativo podrá convertirse en un argumento político. Y cada acierto podrá comenzar a reconstruir una confianza que hoy está profundamente deteriorada. 

No será sencillo. Pero precisamente por eso el desafío puede convertirse en oportunidad. 

Sinaloa no necesita una gobernadora que pretenda convencer a todos. Necesita una gobernadora capaz de escuchar a todos, decidir con criterio técnico y responder por sus decisiones.

No necesita discursos grandilocuentes. Necesita resultados pequeños, visibles y acumulativos. Agua. Calle. Escuelas. Hospitales. Carreteras. Campo. Pesca. Inversión. Empleo. Justicia. Y, sobre todo: Seguridad.

Ese es el verdadero territorio donde se mide un gobierno. 

Y hay algo que tampoco debe olvidar: la historia política de Sinaloa no perdona fácilmente la simulación. 

Este es un estado bronco, sí; pero también profundamente trabajador, productivo y orgulloso. 

Tiene sierra, valle y litoral. Tiene recursos, talento, universidades, empresarios, productores y una sociedad que ha demostrado una enorme capacidad para resistir. 

Lo que necesita ahora es que el Estado vuelva a demostrar capacidad para responder. 

GOTITAS DE AGUA:

Gobernadora, el consejo es sencillo aunque ejecutarlo sea brutalmente difícil: no administre la crisis; administre las causas de la crisis. 

No busque solamente estabilidad. Busque gobernabilidad. No busque unanimidad. Busque legitimidad. No busque controlar el territorio. Recupere la confianza del territorio. Y sobre todo, no permita que su administración sea recordada como un paréntesis entre dos gobiernos. 

Haga que estos meses sean el momento en que Sinaloa comenzó a recuperar algo que hoy vale más que cualquier discurso político: la esperanza de que el poder público todavía puede servir para reconstruir. 

El tiempo será el juez. Y la historia, mucho más dura. Al tiempo “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…                                                                             

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