Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
¿Quién puede ser la mejor opción de la oposición para Sinaloa?
En una elección, las propuestas importan. Pero cuando se trata de evaluar quién tiene mejores credenciales para representar a Sinaloa, hay una pregunta mucho más exigente: ¿qué ha hecho realmente cada aspirante y qué puede comprobarse con documentos oficiales?
Bajo ese criterio —sin propaganda, simpatías partidistas ni promesas futuras—, la comparación entre Mario Zamora y Paloma Sánchez arroja una ventaja para el primero.
Mario Zamora cuenta con un historial legislativo y de gestión más amplio y, sobre todo, con mayor número de acciones formalmente documentadas que tienen relación directa con problemas y sectores de Sinaloa.
Un ejemplo es el Dren Bacurimí, donde participó en un acuerdo aprobado para impulsar información, seguimiento y posibles mecanismos de financiamiento. En el sector pesquero, su propuesta relacionada con la problemática del camarón fue considerada viable y derivó en un acuerdo de la Comisión Permanente orientado a proteger al sector. También realizó gestiones formales para exigir el cumplimiento del precio de garantía del maíz para productores sinaloenses.
A ello se suma un trabajo sostenido durante sus seis años como senador alrededor de productores, pesca, infraestructura y energía. Incluso después de concluir su periodo legislativo, ha mantenido presencia y gestiones relacionadas con estos temas.
Eso no significa que pueda atribuírsele personalmente la construcción de grandes obras o inversiones públicas en Sinaloa. No existe evidencia oficial suficiente para sostener una afirmación de ese tamaño, y sería irresponsable hacerlo. Pero tampoco sería correcto minimizar lo que sí está documentado.
Paloma Sánchez, por su parte, ha construido una agenda política relevante y particularmente activa en asuntos que afectan a Sinaloa: seguridad, economía, campo, agua, mujeres, víctimas y desplazados. Su actividad legislativa muestra una representación constante de problemáticas sinaloenses y existen propuestas y participaciones en dictámenes aprobados.
El problema para establecer una comparación favorable hacia ella es otro: su trayectoria como senadora todavía es demasiado reciente para acreditar, con el mismo nivel de evidencia, una cantidad comparable de resultados materiales directamente atribuibles a su gestión.
Y aquí está la diferencia fundamental.
Mario Zamora tiene más gestión comprobable acumulada. Paloma Sánchez tiene una agenda política más nueva, además, de menos resultados materiales demostrables.
Por eso, si la pregunta es estrictamente quién tiene hasta agosto de 2026 el historial más sólido de acciones comprobables en favor de Sinaloa, la respuesta objetiva es Mario Zamora.
No porque haya «transformado» Sinaloa —eso no está demostrado—, ni porque todas sus gestiones hayan producido resultados definitivos. Su ventaja es más sencilla y, precisamente por eso, más defendible: hay más años de trabajo territorial y más acciones formalmente documentadas vinculadas directamente con los intereses de Sinaloa.
Para la oposición, esa diferencia debería importar.
Una candidatura competitiva no debería construirse únicamente sobre quién comunica mejor, quién tiene más propuestas o quién genera más expectativa. Debería construirse sobre resultados verificables, capacidad de gestión y un historial que pueda ser auditado por los ciudadanos.
Si aplicamos ese estándar a ambos perfiles y dejamos fuera las promesas, los discursos y la propaganda, Mario Zamora parte hoy con ventaja.
GOTITAS DE AGUA:
Esa conclusión no requiere simpatías políticas. Requiere únicamente hacer una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Qué puede demostrar cada uno que realmente hizo por Sinaloa?
Con la evidencia oficial disponible, hasta ahora, la balanza se inclinahacia Mario Zamora. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…
