DEPORNETA

Por Daniel Sámano

A propósito de que este fin de semana tuvimos sábado de clásicos en la Liga MX…

Las rivalidades en el futbol mexicano han ido cambiando con el paso de los años. Obviamente tenemos como la favorita de muchos la que existe entre América y las Chivas del Guadalajara; después aparece el Clásico Regio, que en Nuevo León denominan como “el más pasional de México”, pero hay otro enfrentamiento que en los últimos años se ha robado las miradas de propios y extraños: América contra Cruz Azul.

Y aquí vale la pena poner una pregunta sobre la mesa: ¿realmente el América-Chivas sigue siendo el partido más importante del futbol mexicano? Por historia, afición y todo lo que representan ambas instituciones seguramente tendrá argumentos de sobra para conservar ese lugar, pero si hablamos estrictamente de rivalidad deportiva y de lo ocurrido dentro de la cancha durante los últimos años, América y Cruz Azul han construido una historia que difícilmente puede pasar desapercibida.

Podríamos decir que entre Águilas y Chivas existe el mayor porcentaje de afición, pero si nos vamos a los resultados recientes, cremas y cementeros han tenido una infinidad de enfrentamientos en Liguilla e incluso finales que han aumentado la rivalidad entre dos de las instituciones más ganadoras del balompié azteca. No solamente se han encontrado constantemente en instancias definitivas, sino que varios de esos partidos terminaron convirtiéndose en capítulos que hasta la fecha siguen presentes entre ambas aficiones.

Tan es así que América puede presumir haberle ganado tres finales de Liga a la Máquina, del 2013 hacia acá, algo que por sí solo ayuda a entender buena parte de lo que actualmente representa este enfrentamiento para los aficionados celestes. A eso hay que sumarle eliminaciones en semifinales y cuartos de final, además de partidos que parecían definidos y terminaron tomando rumbos completamente diferentes.

Cruz Azul no ha tenido la misma suerte en los enfrentamientos importantes, pero también ha encontrado la manera de cobrar algunas cuentas pendientes. Además de todo lo que el Ame le ha quitado, los cementeros pueden presumir que en los cuartos de final de la Concacaf Champions Cup 2025 fueron ellos quienes dejaron fuera a las Águilas y les quitaron la oportunidad de pelear por un nuevo título después del tricampeonato de Liga y encima, un torneo que América no ha ganado en 10 años.

Pero reducir esta rivalidad solamente a las finales y eliminaciones sería quedarse corto. La lluvia de goles en las ediciones recientes, los bailes, las goleadas, las humillaciones, las remontadas épicas, las polémicas arbitrales y hasta las burlas que continúan días después de cada partido han terminado por reunir prácticamente todos los ingredientes que un clásico necesita para generar una verdadera rivalidad.

Porque también hay que decirlo, un clásico no puede vivir únicamente de lo que ocurrió hace 20, 30 o 40 años. La historia evidentemente importa y es imposible entender al futbol mexicano sin ella, pero las rivalidades necesitan renovarse, encontrar nuevos episodios y, sobre todo, provocar que las nuevas generaciones también quieran ganar ese partido por encima de cualquier otro.

Ahí es donde considero que América-Cruz Azul ha ganado muchísimo terreno. Mientras el Clásico Nacional conserva su enorme peso por tradición, popularidad y todo lo que históricamente han significado América y Guadalajara, el llamado Clásico Joven ha encontrado en la cancha los argumentos necesarios para convertirse en uno de los enfrentamientos que mayor expectativa generan actualmente.

No se trata de borrar la historia del América-Chivas ni de quitarle por decreto la etiqueta de Clásico Nacional. Sería absurdo hacerlo. Se trata simplemente de reconocer que las rivalidades también evolucionan y que hoy, cuando América y Cruz Azul aparecen frente a frente, existe la sensación de que cualquier cosa puede suceder y, principalmente, de que el resultado dejará consecuencias mucho más allá de los tres puntos.

El americanista sabe perfectamente lo que significa perder contra Cruz Azul, pero los cruzazulinos conocemos todavía mejor lo que representa caer frente al América. Hay demasiadas heridas recientes, demasiadas cuentas pendientes y demasiados partidos importantes entre ambos como para pensar que se trata simplemente de un encuentro más en el calendario.

Quizá América-Chivas siga siendo el clásico más grande de México por todo lo que representa fuera y dentro de la cancha, pero si la pregunta fuera cuál es la rivalidad que más ha crecido, que más historias ha regalado y que más argumentos deportivos ha construido durante los últimos años, para mí la respuesta es diferente.

América y Cruz Azul han dejado de necesitar la etiqueta de “Clásico Joven” para justificar su rivalidad. Después de tantas finales, eliminaciones, goleadas, remontadas y heridas abiertas, de joven ya le queda muy poco o tal vez nada.

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