Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
El discurso pluri de Paloma
La mayor conquista política de Paloma Sánchez Ramos no parece ser una elección, una estructura territorial ni siquiera una propuesta de gobierno. Su verdadera conquista parece ser algo mucho más sofisticado: instalarse en la conversación hasta conseguir que otros hablen por ella, la defiendan por ella y conviertan sus polémicas en causas propias.
Ahí aparece una vieja lección del pirata inglés Henry Avery: el poder no siempre se construye tomando territorios; a veces basta con fabricar los símbolos suficientes para que los demás crean que ya se conquistaron.
El magnánimo Avery llegó a acuñar su propia moneda. No porque una moneda por sí sola otorgara poder, sino porque el símbolo repetido termina fabricando una percepción de poder. Y en política ocurre exactamente lo mismo.
Paloma ha entendido que una polémica bien administrada puede valer más que cien discursos. Que una provocación puede generar titulares. Que una declaración puede multiplicarse en redes. Que una controversia puede convertirla en protagonista aunque el tema original termina siendo secundario.
Su estrategia parece tener una lógica elemental, pero eficaz: no necesariamente ganar la discusión, sino conseguir que nadie deje de hablar de ella. Y ahí está lo verdaderamente maquiavélico. Porque una polémica impuesta genera resistencia; pero una idea convertida en virtud genera devoción.
Paloma no necesita imponer una regla si consigue que otros la defiendan. No necesita convertirse en árbitro si consigue que otros vigilen quién se sale del camino. No necesita corregir personalmente a sus adversarios si logra que sean terceros quienes lo hagan.
Entonces la política deja de ser debate y comienza a parecerse a una liturgia. Y Paloma parece haber descubierto el enorme poder electoral de esa fórmula.
Redes sociales, escritorios, medios de comunicación y polémicas pueden construir presencia. Pero hay una pregunta que ninguna campaña digital puede responder por sí sola: ¿dónde está el territorio?
Porque Sinaloa no es solamente una pantalla. Sinaloa también es caminar calles, mirar de frente a la militancia, conocer los seccionales, entender las regiones, escuchar al priista que no aparece en fotografías ni en redes sociales y, sobre todo, conseguir que alguien esté dispuesto a sudar la camiseta cuando las cámaras ya se fueron.
Ahí puede estar la verdadera vulnerabilidad de Paloma. Una militancia priista construida al vapor puede proporcionar una etiqueta, pero no necesariamente proporciona raíces. Y para aspirar a gobernar Sinaloa no basta con que te conozcan; necesitas que te reconozcan.
No basta con aparecer; necesitas pertenecer. No basta con ser defendida; necesitas convencer. Porque el problema de convertirte demasiado pronto en el centro de la conversación es que puedes terminar creyendo que ser tendencia equivale a tener liderazgo.
Paloma ha demostrado astucia política. Ha entendido el valor de la provocación, de la exposición y de la controversia. Su rebeldía le ha permitido colocarse en el tablero rumbo a 2027 cuando otros todavía están buscando dónde sentarse. Eso merece reconocerse, pero también merece una advertencia.
GOTITAS DE AGUA:
La política no se gana acuñando monedas; se gana haciendo que otros estén dispuestos a defender tu valor cuando la moneda deje de circular.
Henry Avery necesitaba fabricar símbolos para sostener su leyenda.
Paloma tendrá que demostrar algo mucho más difícil: que detrás de la leyenda existe territorio, liderazgo, conocimiento de Sinaloa y una estructura capaz de caminar cuando ya no haya reflectores.
Porque gobernar no es conseguir que todos hablen de ti. Gobernar es conseguir que, cuando llegue la hora de caminar, haya miles dispuestos a caminar contigo. Y ahí, justamente ahí, es donde termina la egolatría, el egocentrismo y comienza la política de verdad.
“Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…
