Por Daniel Sámano
ras la Copa del Mundo del verano pasado, el entusiasmo y la conexión que logró la Selección Mexicana con la afición fue algo que muy pocas veces se ve en el país, al grado de unir a miles de personas en las calles, en plazas públicas y en cualquier rincón del país. Después de todos los partidos que generaron emoción y de la manera en la que el equipo volvió a conectar con la gente, era más que evidente que en la primera Fecha FIFA tras la justa mundialista tendría todos los reflectores que en años no había tenido en partidos amistosos.
Para mala fortuna de la Federación, de Rafael Márquez, quien sustituye a Javier Aguirre en el banquillo, y de los jugadores que arrancan sus llamados con la casaca verde, un mal partido puede ser suficiente para definir lo que muchos aficionados verán en ellos de ahora en adelante. Incluso para aquellos futbolistas que llevan años ganándose un lugar en la Selección, un encuentro puede convertirse en una etiqueta difícil de quitar, sobre todo cuando el rival es Estados Unidos y el resultado termina siendo un contundente 3-0.
El fin de semana, Estados Unidos exhibió a México en Arizona con un juego muy pobre del equipo azteca. Si bien es cierto que los verdes tuvieron ciertos momentos donde dominaron a los estadounidenses y consiguieron tener la pelota, eso nunca logró reflejarse en una verdadera cercanía en el marcador. El conjunto mexicano fue incapaz de traducir esos momentos de dominio en ocasiones claras y, cuando tuvo que responder ante los ataques estadounidenses, terminó cometiendo errores que prácticamente le entregaron el partido al rival.
Los tres goles de Estados Unidos fueron producto de errores de la zona defensiva y, si pedimos nombres, dos de ellos fueron obra de Raúl “Tala” Rangel y uno más de Diego Campillo, quien tuvo su primer llamado con la Selección. El primero llegó luego de una especie de centro en el que Rangel duda entre utilizar las manos o los pies para atacar el balón y termina por no hacer nada más que dejarlo suelto, situación que aprovecha Julian Hall al minuto 28 para abrir el marcador. Después llegó un error todavía más grave, cuando el mismo portero de Chivas, en su intento de salir jugando, da un pase sin fuerza que llega a los pies de Cavan Sullivan, quien con un globito termina por superar al guardameta para colocar el 2-0.
Para finalizar, al minuto 84, Fidalgo le regresa el balón a Diego Campillo, quien se quedó parado durante varios segundos siguiendo el balón con la mirada. Malik Tillman aprovechó la desconcentración, llegó a robarle la pelota y terminó clavando el tercero del encuentro. Tres errores muy puntuales y tres goles que terminaron por reflejar una noche para el olvido de la Selección Mexicana.
Y sí, hay que decirlo, duele perder de esa manera. Lo que lastima no es solamente caer en un partido amistoso, sino hacerlo de forma tan contundente y, peor aún, ante el rival más importante de la zona, el mismo que durante los últimos años se ha encargado de demostrar que aquella vieja superioridad de México en Concacaf ya no es tan sencilla de sostener. Estados Unidos ha crecido, ha conseguido competirle de tú a tú a México y en varias ocasiones incluso ha logrado superarlo, por lo que un 3-0 como el del fin de semana inevitablemente genera preocupación.
Sin embargo, creo que aquí es donde debemos hacer una pausa antes de comenzar a sacar conclusiones definitivas sobre Rafael Márquez. El resultado fue malo, el funcionamiento dejó muchas dudas y hay jugadores que tendrán que levantar la mano de otra manera si quieren mantenerse en el proyecto, pero tampoco podemos olvidar que estamos hablando de partidos amistosos. Márquez apenas está comenzando a trabajar con un grupo de jugadores y todavía se encuentra en una etapa en la que tiene que conocerlos, probarlos y descubrir quiénes realmente pueden responder cuando llegue el momento importante.
Y parece que en México muchas veces olvidamos para qué sirven los partidos amistosos. Queremos ganar todos, queremos que la Selección juegue bien todos y, cuando eso no ocurre, inmediatamente comenzamos a pedir cabezas. Pero si en estos partidos no se pueden probar futbolistas, cambiar posiciones, modificar sistemas o incluso cometer errores para corregirlos posteriormente, entonces la pregunta sería cuándo se supone que un entrenador debe hacer todo eso.
Rafael Márquez no tiene el mismo tiempo de trabajo que un entrenador de club. No puede trabajar todos los días con sus futbolistas, no puede corregir durante semanas los movimientos de una línea defensiva ni repetir una jugada hasta que salga de memoria. Los jugadores llegan unos cuantos días antes de los partidos, entrenan, juegan y después regresan a sus respectivos equipos. Por eso también hay que darle un valor diferente a los resultados de estos encuentros.
Esto no significa que Márquez tenga que quedar libre de críticas. Al contrario, debe ser el primero en analizar lo ocurrido y encontrar soluciones. El 3-0 ante Estados Unidos tiene que dejar enseñanzas y hay errores que simplemente no pueden repetirse. Si México quiere competir contra las mejores selecciones de la zona, no puede regalar goles de esa manera, mucho menos en partidos oficiales. Pero una cosa es señalar los errores y otra muy diferente es utilizar un partido amistoso para determinar que el proyecto ya fracasó tras tres partidos.
También hay que entender que varios de los jugadores que están apareciendo en esta etapa están teniendo sus primeras oportunidades con la Selección. Campillo, por ejemplo, vivió ante Estados Unidos una experiencia que seguramente no olvidará, pero un error suyo no puede convertirse automáticamente en una sentencia sobre su futuro con el equipo nacional. Lo mismo ocurre con Rangel, quien tuvo una noche muy complicada y fue responsable directo de dos anotaciones, pero que tendrá que demostrar en los siguientes encuentros si tiene las condiciones para mantenerse en la competencia por el puesto.
El verdadero problema sería que esos errores se repitieran cuando llegue la hora de la verdad. Porque ahí sí cambia completamente el escenario. Los cuartos de final de la Nations League en noviembre serán el primer examen realmente importante para Rafael Márquez. Ahí ya no habrá el argumento de que se trata de un partido para probar jugadores o de que el resultado es secundario. México tendrá que competir por avanzar y tendrá que demostrar que el trabajo realizado durante estos meses comienza a dar resultados.
Esos partidos serán mucho más importantes que cualquier amistoso. Ahí podremos empezar a medir realmente a Márquez como entrenador de la Selección. Habrá presión, habrá un objetivo en juego y habrá un rival que también tendrá la intención de avanzar. Será el momento de comprobar si las pruebas realizadas durante estas primeras Fechas FIFA sirvieron para algo y si el técnico fue capaz de encontrar una base de jugadores y una idea de juego que puedan sostenerse cuando el resultado sí tenga consecuencias.
Por eso me parece que la crítica al 3-0 debe existir, pero también debe tener límites. No podemos hacer como si no hubiera pasado nada, porque sí pasó y hay muchas cosas por corregir. Pero tampoco podemos convertir tres partidos amistosos en el veredicto definitivo sobre un entrenador que apenas está comenzando su proceso. Si queremos ser justos, hay que permitir que estos encuentros sirvan para detectar los problemas y esperar a los partidos oficiales para exigir las soluciones.
Rafael Márquez tampoco puede vivir eternamente de su pasado como futbolista. Su historia con la Selección Mexicana es enorme y nadie puede quitarle lo que consiguió dentro de la cancha, pero ahora está sentado en el banquillo y tendrá que demostrar que puede estar a la altura de esa responsabilidad desde otra posición. En algún momento tendrá que responder por los resultados y por el funcionamiento del equipo, pero ese momento no necesariamente tiene que ser después de cada amistoso.
Si en noviembre México vuelve a mostrar las mismas carencias, si el equipo continúa sin encontrar una identidad, si los errores defensivos se mantienen y, sobre todo, si el resultado termina siendo una eliminación, entonces las críticas tendrán mucho más sentido. Ahí sí podremos hablar de que Márquez no está encontrando las respuestas necesarias y que el proceso comienza a generar dudas importantes. Pero todavía estamos en una etapa previa a ese momento.
Por ahora, creo que lo más justo es exigirle a Rafael Márquez que corrija, que encuentre respuestas y que demuestre una evolución en los siguientes partidos, pero no se le puede juzgar como si ya hubiera disputado los encuentros que realmente importan. Los amistosos sirven para construir, experimentar y equivocarse; los partidos oficiales sirven para demostrar lo aprendido.
Y la verdadera prueba para Rafael Márquez llegará en noviembre. Ahí veremos si este mal arranque fue simplemente parte de un proceso de construcción o si realmente existen problemas más profundos en la Selección Mexicana. Hasta entonces, se vale cuestionar, se vale criticar y se vale exigir, pero quizá todavía no sea momento de dictar una sentencia.
