SOBRE EL CAMINO

Por. – Benjamín Bojórquez Olea.

Quién es Julio César Batiz

Hay una verdad incómoda en la política: ser una buena persona no alcanza, pero tener talento y dejarlo estacionado tampoco parece ser una buena estrategia. 

En Sinaloa abundan los nombres, los cargos y los discursos, pero escasean los perfiles que conocen simultáneamente la operación política, el territorio, la administración pública y los códigos internos de la vida partidista. Ahí es donde aparece un personaje que quizá no hace demasiado ruido, pero que tiene una trayectoria que merece ser revisada con mayor detenimiento: Julio César Bátiz Martínez. 

Contador público de profesión y con una trayectoria que incluye responsabilidades partidistas, trabajo territorial y una diputación local, Bátiz no llegó a la política por generación espontánea. Fue dirigente del Movimiento Territorial del PRI en Sinaloa y posteriormente integrante del Congreso estatal; incluso, documentos legislativos lo registran presidiendo la Comisión Instructora durante la LX Legislatura.

Y aquí comienza lo verdaderamente interesante. Porque la política contemporánea suele premiar al que más grita, al que más aparece o al que mejor domina el escaparate digital. Sin embargo, la política real todavía necesita operadores que sepan caminar una colonia, entender una estructura, leer un territorio y reconocer a las personas detrás de los números. 

Bátiz pertenece a una generación política formada en otra escuela: la del contacto territorial, la organización y la construcción de relaciones.

En 2015, por ejemplo, hablaba públicamente de valorar trayectoria, institucionalidad y convicción dentro del Movimiento Territorial, después de un proceso de participación que involucró a estructuras de los 18 municipios de Sinaloa. 

Su nombre aparece vinculado durante años a estructuras territoriales del priismo sinaloense y, posteriormente, entre los cuadros que abandonaron el PRI en 2023. Diversos medios lo identificaron entonces como exdiputado local y exdirigente estatal del Movimiento Territorial. 

Y quizá ahí esté una de las paradojas de su historia política. Un hombre puede perder una posición partidista sin perder necesariamente su conocimiento político. 

La estructura puede cambiar de partido, las siglas pueden deteriorarse y los ciclos políticos pueden terminar, pero el conocimiento acumulado durante años no desaparece con una renuncia. 

Eso es precisamente lo que vuelve interesante observar a Bátiz fuera de una etiqueta partidista. Porque una cosa es pertenecer a una organización y otra muy distinta es conocer cómo se construyen las relaciones políticas desde abajo. 

La política sinaloense necesita menos personajes que solamente ocupen espacios y más perfiles capaces de hacer que los espacios funcionen. Ahí podría encontrarse el valor de Julio César Bátiz: no solamente como eventual participante electoral, sino también como un perfil cuya experiencia puede ser aprovechada en tareas de organización, vinculación, territorio y operación política. 

No se trata de decir que una candidatura le corresponda. Tampoco de fabricar una expectativa electoral. Se trata de una pregunta mucho más profunda: ¿cuánto talento político desperdician los partidos cuando solamente miran hacia quienes están bajo los reflectores?

Porque mientras algunos construyen presencia desde las redes sociales, otros llevan años construyendo relaciones personales que no necesariamente aparecen en una fotografía. Y la política, aunque muchos pretendan olvidarlo, sigue siendo territorio, diálogo, confianza y capacidad de operación. 

Incluso su paso por la administración municipal de Culiacán muestra que su trayectoria no se redujo exclusivamente a la arena partidista. Documentos oficiales del Ayuntamiento registran a Julio César Bátiz Martínez como servidor público en distintas etapas. 

Por eso, más que hablar de un político “olvidado”, quizá habría que hablar de un capital político que permanece disponible. Y esa diferencia es fundamental. 

Porque los partidos pueden darse el lujo de ignorar nombres, pero difícilmente deberían darse el lujo de ignorar capacidades. 

Hoy Bátiz parece encontrarse en una especie de intermediario político: fuera del protagonismo que alguna vez tuvo, pero con una experiencia que no se borra; sin una plataforma partidista visible, pero con una trayectoria que puede ser revisada; lejos del reflector, pero no necesariamente lejos del territorio.  

GOTITAS DE AGUA:

Julio César Bátiz es, en ese sentido, un caso que invita a reflexionar sobre una pregunta mayor: ¿está la política sinaloense aprovechando realmente a todos sus cuadros capaces, o solamente a los que hoy tienen una silla?

El tiempo y las decisiones de las distintas plataformas políticas darán la respuesta. Pero una cosa sí parece evidente: la experiencia política no caduca simplemente porque deje de ocupar un cargo. 

Últimamente al personaje en mención se le ha visto en reuniones con la aspirante morenista a la alcaldía de Culiacán, Merary Villegas Sánchez. Casualidad, “ya veremos”. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…                                                                                   

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