Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
El titiritero no es quién imaginas
Decía un viejo brujo húngaro que cuando descuidas tu casa, entra un duende y termina robándote hasta los secretos. Henry Avery, el célebre pirata inglés, lo resumía de otra manera: si no cuidas tu tesoro, alguien más se lo lleva.
En política, ambas advertencias deberían estar sobre el escritorio de cualquier gobierno.
Sinaloa atraviesa un reacomodo del poder. El relevo en el Ejecutivo no solamente cambió a quien ocupa la silla; modificó equilibrios, interlocuciones y espacios de influencia.
Y ahí está el verdadero riesgo.
No existe evidencia suficiente para hablar de una ruptura entre el Ejecutivo y el Legislativo, pero sí existe una pregunta que el poder debería hacerse antes de que una diferencia administrativa se convierta en una disputa política: ¿se está construyendo gobernabilidad o se están midiendo lealtades?
Porque centralizar decisiones alrededor de un círculo reducido puede generar una sensación inmediata de control, pero también puede producir aislamiento.
Y un gobierno aislado puede conservar el despacho, pero perder capacidad política.
Morena tampoco debería confundirse. Una mayoría legislativa no garantiza la cohesión eterna. Si los grupos comienzan a competir por espacios, interlocución y territorio, el desgaste no será únicamente institucional: terminará impactando a la propia marca partidista.
La política tiene una regla brutal: las fracturas rara vez comienzan con una ruptura; comienzan cuando deja de existir confianza.
Por eso, el desafío de Graciela Domínguez no consiste solamente en ejercer el Ejecutivo. Consiste en demostrar que puede construir una relación funcional con el Congreso y distintos organismos sin convertir la coordinación en subordinación ni la autonomía en confrontación.
GOTITAS DE AGUA:
Sinaloa no necesita una guerra silenciosa por las llaves del poder. Necesita saber administrar el poder.
Necesita que sus actores entiendan que gobernar no significa controlar todos los espacios, sino construir acuerdos suficientes para que las instituciones funcionen.
Porque el verdadero tesoro de un gobierno no es tener a todos bajo control. Es no quedarse solo cuando más necesita aliados. Gobernar es conseguir que todos tengan razones para sentarse a la misma mesa. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…
