SOBRE EL CAMINO

Por. – Benjamín Bojórquez Olea.

Sinaloa se subasta

La política sinaloense vive una crisis que va mucho más allá de sus diferencias ideológicas: está exhibiendo una vieja enfermedad del poder, la ambición de decidir por encima de los ciudadanos. 

En Morena y en el PRI, las disputas por las candidaturas rumbo a 2027 colocan sobre la mesa una pregunta que provoca tensión: ¿quién decide realmente el futuro político de Sinaloa, los ciudadanos mediante las urnas o las dirigencias mediante acuerdos de escritorio?

Morena prometió desterrar las prácticas del viejo régimen, pero las controversias alrededor de Culiacán, Mazatlán y Ahome, con los nombres de Teresa Guerra, Edgar González y Ana Ayala en las conversaciones políticas, alimentan el debate sobre las encuestas, las designaciones y el control de las candidaturas. Del otro lado, el PRI enfrenta sus propias interrogantes ante las versiones de respaldo de Alejandro Moreno a Paloma Sánchez, mientras el nombre de Mario Zamora representa con amplio margen de posicionamiento otra expresión de la disputa interna. 

El contraste es revelador: partidos que se presentan como adversarios terminan enfrentando una misma discusión sobre quién tiene la última palabra. 

Pero hay una contradicción todavía más profunda: los partidos no solamente disputan candidaturas, disputan el derecho de administrarlas como patrimonio político. 

En una democracia auténtica, las encuestas deberían ser instrumentos para escuchar a la sociedad, no mecanismos para vestir de legitimidad decisiones tomadas previamente. Y las dirigencias deberían conducir, no sustituir la voluntad de sus militantes y ciudadanos. 

En el PRI, la discusión tampoco puede reducirse a una pugna de nombres. La información publicada sobre las posibles candidaturas confirma que Mario Zamora y Paloma Sánchez siguen dentro de la conversación, mientras las negociaciones partidistas y los criterios de paridad también forman parte del escenario. La pregunta es inevitable: ¿qué lugar ocuparán las preferencias ciudadanas cuando llegue la hora de tomar decisiones?

Aquí aparece el verdadero problema de fondo: la política ha comenzado a parecerse demasiado a un negocio de franquicias, donde los dirigentes conservan la llave, los grupos negocian las sucursales y los ciudadanos solamente reciben el producto terminado. 

Y conviene plantear una pregunta que incomoda a todos: si la política es exclusivamente vocación de servicio, ¿por qué la lucha por las candidaturas despierta semejante apetito de poder? ¿Qué intereses se ponen en juego cuando una posición pública se disputa con tanta intensidad?

No se trata de afirmar que toda aspiración política esconda un interés económico, sino de exigir transparencia sobre el financiamiento, las decisiones y las responsabilidades que acompañan a quienes buscan gobernar. 

Morena tiene frente a sí la contradicción de haber llegado al poder cuestionando las prácticas del pasado, pero ahora debe demostrar que sus propios procedimientos no reproducen aquello que prometió combatir. El PRI, por su parte, carga con una historia que hace todavía más necesaria la apertura y la credibilidad de sus procesos internos.

La democracia no se demuestra repartiendo candidaturas entre amigos, tampoco imponiendo perfiles desde una oficina nacional. Se demuestra aceptando que el poder no pertenece a los dirigentes, ni a los grupos, ni a los apellidos políticos. 

Sinaloa no necesita partidos que se comporten como propietarios del futuro, necesita instituciones capaces de entender que una candidatura no es una herencia, una inversión ni un premio de lealtad. 

GOTITAS DE AGUA:

Rumbo a 2027, la verdadera disputa no será solamente entre Morena y la oposición, sino entre dos maneras de entender la política: como instrumento de representación ciudadana o como mecanismo de conservación del poder. 

SOBRE Porque cuando las dirigencias confunden el partido con su propiedad privada, la democracia termina convertida en una subasta donde los ciudadanos no participan en la negociación, pero sí pagan las consecuencias. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…                                                                                         

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