BANDERILLA DE ORO PARA ARRIAGA Y RECONOCIMIENTO AL RIGOR GANADERO DE RANCHO SECO


Por: Fermín Josep Arrufat Calaf

En tarde calurosa con rachas de viento, y ante poco más de un tercio de asistentes en los tendidos, se desarrolló el penúltimo festejo de la “Feria de Aniversario” en la Plaza de toros México con un cartel conformado por el torero tlaxcalteca Angelino de Arriaga, el matador de toros venezolano Jesús Enrique Colombo (quien confirmó su alternativa), y el diestro queretano Juan Pedro Llaguno, ante toros del hierro tlaxquense de Rancho Seco, el domingo 2 de marzo.

Abrió plaza el matador de toros venezolano Jesús Enrique Colombo, con el toro de nombre “Bailador”, astado con el que confirmó su alternativa, al que saludó por faroles de rodillas al hilo de las tablas, y que continuó con una serie de verónicas para llevarlo a los medios del ruedo rematando con un gesto muy torero al soltar un extremo del capote emulando una revolera.
En el caballo empujó y embistió en todo momento, recibiendo un buen puyazo que desató una ovación del respetable, haciendo un quite por chicuelinas ceñidas que conectaron con los tendidos.

En el segundo tercio cubrió la suerte de banderillas con vistosos pares, iniciando así por su parte, la contienda por la obtención de la presea de la “Banderilla de Oro” que otorgó la Asociación Nacional de Matadores.

De muleta, el toro vino a menos mostrando poca transmisión, al iniciar su faena en los terrenos del tercio del ruedo ejecutando derechazos con los que sacó hacia los medios al muy bien presentado toro de Rancho Seco.

Ya en el centro del redondel, prosiguió con una faena estructurada por el pitón derecho, y pese a que el toro comenzó a quedarse corto al momento de salir de la muleta, logró pegar muletazos con los que hizo exclamar los olés de los tendidos. Probó también por naturales con los que no encontró el venezolano un cambio en el recorrido del toro, que de igual forma se quedaba corto al final de cada pase.

Se vió empeñoso con el toro. Disposición que reconoció el público, pese a que no consiguió expresar un toreo más vistoso y artístico debido a las condiciones del toro que ya comenzaba a recular hacia tablas al sentirse podido por Colombo. Mató de estocada entera tras fallar con el acero en dos ocasiones. Recibió ovaciones de los tendidos.

En su segundo toro, quinto de la tarde, de nombre “Psicólogo”, recibió al astado con toreo a la verónica al hilo de las tablas con las que remató con una chicuelina muy ceñida. Lanceó por verónicas previo a colocar al toro en el caballo, recibiendo un puyazo breve para evitar que viniese a menos en la faena de muleta. Quitó con caleserinas que jalearon los olés tras la suerte de varas.

Con los rehiletes, banderilleó de manera emotiva dejando un par “asomándose al balcón”, el cual culminó con la ejecución del “par monumental”, suerte que se realiza con dos pares de banderillas, y que es invención del matador tlaxcalteca Uriel Moreno “El Zapata”.

Ya de muleta, inició con derechazos de rodillas desde el terreno de tablas hasta los medios del ruedo, sin embargo pocas opciones tuvo Jesús Enrique, ya que el astado deslució pronto, escupiéndose de la reunión al momento de cargar la suerte en los muletazos y saliendo contrario en dos ocasiones. Ejecutó la suerte suprema dejando tres cuartos de acero en colocación ligeramente trasera y perpendicular. Tardó en hacer efecto la espada en el toro, y dió vuelta al ruedo tras el arrastre del ejemplar.

Por su parte, el diestro tlaxcalteca Angelino de Arriaga se vió delante de tres toros, ya que el segundo de la función (primero de su lote), de nombre “Intruso”, luego de recorrer medio ruedo tras su salida por toriles dió un salto al callejón, que por el impacto del golpe al caer, le lesionó una de las manos delanteras, teniendo que ser devuelto a los corrales.

Se anunció al primer reserva de nombre “Pitiador”, procedente de la ganadería mexiquense de Pastejé, muy bien presentado, al que saludó por verónicas largas con el capote al hilo de tablas en la zona de la contraquerencia, para llevarlo después bregado a los medios con capotazos de tiento y por bajo.

Ya en la pica, el astado tardó en entrar al caballo, no obstante, embistió de largo con fuerza, provocando el tumbo del varilarguero Carlos Domínguez al primer intento, lastimándose al momento de caer, pero sin resultar con consecuencias de extrema gravedad. Ya en la segunda oportunidad, el piquero de apoyo cubrió el tercio, empujando con fuerza de nueva cuenta el toro en el caballo, recibiendo un buen puyazo que provocó los aplausos en los tendidos.

Salió a hacer el quite Juan Pedro Llaguno, quien lució por “navarras”, culminando con una media verónica ajustada en el centro del ruedo. Tras el gesto, le replicó el tlaxcalteca con una serie de verónicas que jalearon los ¡olés! del respetable, rematando con una vistosa revolera.

En las banderillas colocó dos pares de frente “asomándose al balcón”, y dejó el tercero haciendo el par “al violín” en los medios de la arena. Tercio que emocionó a la afición resonando los aplausos del respetable y desatando una “diana” por parte de la banda de música de la Plaza México.

De muleta, inició Arriaga con muletazos por abajo para colocar al toro en el centro del ruedo, lugar donde corrió la mano con pases largos que hicieron lucir el buen recorrido del burel, a pesar de que momentáneamente se quedaba corto al salir de la pañosa.
Para evitar que se le acabara la fuerza de embestida al toro, Angelino comenzó a citar al animal a media distancia, para así, no “ahogar” al astado dejándole la muleta en la cara..

Aunque ya previo a concluir su faena la emoción menguó en el toro, Angelino de Arriaga poco pudo lucir del ejemplar, con el que cerró su labor con muletazos por abajo para someter al astado que salía de la muleta con la cara a media altura, a manera de poder colocarlo ”humillado” en el momento de la reunión en la estocada. Dejó un espadazo hasta los gavilanes del estoque, caído y delantero, que no surtió efecto, por lo que recurrió al descabello con el que consiguió hacer doblar al segundo “bis” de la tarde. Escuchó palmas.

En su segundo toro, cuarto del festejo de nombre “Majadero”, Angelino de Arriaga recibió al ejemplar de Rancho Seco con faroles de rodillas en el terreno de tablas, para posteriormente, bregar al burel con capotazos a manos bajas, de tiento, de pitón a pitón para sacarlo a los medios del ruedo, en donde lució con una serie de chicuelinas muy ceñidas, rematadas con una vistosa revolera, que jalearon con fuerza los olés de los tendidos que notaron que la faena en curso iba a ser “in crescendo”.

En el caballo embistió de frente, y entró certero a la vara recibiendo un puyazo breve, donde no fue castigado para conservar lo mayormente posible de fuerza en la lidia. Quitó con chicuelinas ceñidas y por bajo que gustaron en los tendidos.

En las banderillas, el tlaxcalteca hizo gala de dotes con los rehiletes, colocando un par de frente en el centro de la plaza, seguido de un par “al violín”, culminando con un par en todo lo alto que desató las ovaciones y haciendo sonar una “diana” por parte de la banda de música de la Plaza México, tercio además, en el que estuvo muy comunicativo con los tendidos.

En esos instantes, la lluvia comenzó a hacer su presencia en el Coso de Insurgentes, donde poco antes, ya habían caído unas pequeñas gotas de agua que parecieron que el viento podía dispersar, sin embargo en cuanto arreció la lluvia, fue el momento de mayor emotividad de la faena durante el tercer tercio, en el que en la muleta, Angelino inició con derechazos largos que avisaron la buena calidad del toro y su amplio recorrido en la embestida, que fue fija y con la cara abajo. Condiciones con las que estructuró un toreo de muleta vistoso, emotivo y con sentimiento, que los asistentes percibieron con condescendencia a la expresión torera de Arriaga.

El público, que aguantó el aguacero en los tendidos, mientras otros comenzaron a resguardarse en los palcos y lumbreras del coso, manteniéndose atentos y entregados a la faena al toro “Majadero”, que demostró una gran calidad inherente desde su salida por toriles, al poder ser llevado por ambos pitones y embistiendo con igual muestra de bravura, fuerza y recorrido, Angelino lo llevó por naturales ligados que no fueron para menos en la emotividad de la afición, que ya prendida a su labor, quería seguir viendo torear a Arriaga que desarrolló su trasteo con la pañosa en todo momento en los medios del ruedo.

Intercaló derechazos largos y con hondura, al igual que naturales, trincherillas y desplantes con los que arrebató las palmas de los asistentes, consumando así, el absoluto clímax de la faena que apuntaba para ser de acontecimiento grande al estar en plan “entregado”.
Sin embargo, los minutos en el reloj continuaron avanzando y el diestro de Tlaxcala se engolosinó de faena, desatando los reclamos de los tendidos al ver que el torero volteaba a observar al público para “hallar” respuesta al siguiente procedimiento, sobre si pedían el indulto del toro, o no.

La respuesta de la afición, siempre fue que consumara la faena entrando a matar para asegurar su triunfo en la tarde, no obstante, ligó otros muletazos de trincherilla y con la diestra que siguieron emocionando al respetable. Pero Angelino continuó gustándose con el toro, aún sin tomar iniciativa de ir por el estoque de matar y firmar su obra.
Ya convencido de ejecutar la suerte suprema, malbarató lo realizado minutos antes en su faena errando con la espada en el primer viaje, y dejando una estocada entera y caída al segundo intento, yéndose así el triunfo en término de apéndices para Angelino, quien recibió primero una ovación en los medios de la plaza, para posteriormente, dar una vuelta al ruedo que causó división de opiniones.

Se le concedió el arrastre lento y vuelta al ruedo al bravo toro de Rancho Seco, en pleno reconocimiento a su raza y a sus ganaderos, contando con el saludo en el tercio de Don Sergio Hernández González, propietario del hierro, quien agradeció las ovaciones del público; siendo este, un suceso que no ocurría hace poco más de veinte años en la Plaza México.

El torero queretano Juan Pedro Llagunó, por su parte, pechó con el lote más deslucido del encierro, ante los cuales se vió empeñoso y con ganas de agradar en los tendidos, quienes estuvieron atentos y volcados con él, pese a que no tuvo opciones en sus dos ejemplares.

Sobresalió con las banderillas, sobre todo con los palitroques puestos en su primer toro y tercero del festejo, de nombre “Mochilero”, en el que colocó tres buenos pares de rehiletes “de frente”, y luciendo desplantes de gallardía en los medios del ruedo, ante el que se vió con gran capacidad física para poderle al astado.

En su segundo toro, el cierra plaza de nombre “Reproche”, invitó a banderillear a sus alternantes quienes lucieron pares “de frente” y “al violín” que emocionaron a la asistencia que permaneció presta para ver algo que “salvara la tarde” en cuestión de orejas. Sin embargo, el toro vino a menos en la muleta, quedándose corto, y complicando el toreo vistoso y artístico. Mató de estocada entera que hizo efecto y escuchó aplausos en los medios del ruedo.

Como colofón al festejo, el público que depositó su voto mediante el escaneo de un código QR para designar al triunfador de la presea de “la banderilla de oro”, otorgada por la Asociación Nacional de Matadores, a razón del mejor par de banderillas en el festejo, el veredicto de los espectadores en la plaza y el de los que siguieron la corrida por televisión, acreditaron al diestro Angelino de Arriaga como el ganador del premio en disputa al concluir la función.

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