Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
Cuando las ruinas se creen imperio
Hay momentos en la política donde la derrota no llega en las urnas. Llega mucho antes. Llega cuando una organización pierde la capacidad de mirarse al espejo.
Y el PRI de Sinaloa parece haber entrado exactamente en esa etapa: la fase más peligrosa de toda decadencia, aquella donde la realidad deja de importar porque la ficción interna resulta más cómoda.
Lo que hoy observamos no es un partido construyendo una ruta de regreso. Es una estructura atrapada en una especie de alucinación política colectiva. Un organismo que sigue hablando como si conservara el peso específico de sus mejores años, mientras la sociedad hace tiempo dejó de verlo como protagonista de su presente.
Sus monitoreos de aparador que algunos dirigentes exhiben con entusiasmo casi infantil no son una demostración de fortaleza. Son una manifestación de miedo. Miedo a reconocer la magnitud del derrumbe. Miedo a aceptar que el PRI ya no es el eje alrededor del cual gira la vida pública de Sinaloa. Miedo a admitir que la ciudadanía dejó de otorgarle el beneficio de la duda hace mucho tiempo.
Porque cuando un partido necesita fabricar espejos para verse más grande de lo que realmente es, no está construyendo futuro; está maquillando su agonía. La tragedia del priismo sinaloense no es solamente electoral. Es moral.
Durante décadas construyó una cultura política basada en la certeza de que el poder era un patrimonio permanente. Esa convicción terminó convirtiéndose en soberbia. Y la soberbia tiene una característica fatal: impide escuchar.
Hoy, mientras millones de ciudadanos exigen cercanía, autocrítica y renovación, buena parte de las élites priistas continúan atrapadas en la lógica de las cuotas, los grupos, las parcelas y las candidaturas negociadas entre pocos. Siguen actuando como propietarios de una casa que ya no les pertenece.
Por eso la fragmentación interna no es un accidente. Es la consecuencia natural de una organización donde cada actor parece estar concentrado en salvar su propio espacio antes que rescatar el proyecto colectivo.
Un partido dividido entre liderazgos aislados, respaldos selectivos y lealtades condicionadas difícilmente puede convertirse en una alternativa seria para una sociedad que demanda cohesión y rumbo.
Mientras unos sobreviven gracias al respaldo de las cúpulas nacionales, otros intentan caminar solos, y algunos más dependen exclusivamente de su capital político personal. Lo verdaderamente alarmante es que ya casi nadie parece estar luchando por rescatar la identidad común.
El resultado es devastador: un partido donde abundan los aspirantes, pero escasea la causa. Y esa es la diferencia entre una organización viva y una organización que comienza a extinguirse. La política tiene algo de despiadada. No castiga solamente los errores. Castiga, sobre todo, la incapacidad de aprender de ellos.
El PRI sinaloense parece no comprender que la sociedad cambió de época. Ya no existen cheques en blanco. Ya no existen apellidos intocables. Ya no existen estructuras eternas. El ciudadano de hoy desconfía de los partidos, pero castiga con especial dureza a aquellos que se presentan como si no tuvieran cuentas pendientes con la historia.
Por eso la verdadera amenaza para el PRI no es Morena. No es la oposición. No son adversarios externos. Es su propia negación. Es esa obstinación por seguir hablando desde un pedestal que hace años se derrumbó. Es esa resistencia a ejercer la humildad como herramienta de supervivencia política. Es esa incapacidad para entender que ya no están en posición de imponer condiciones, sino de construir confianza.
Porque cuando un partido deja de escuchar el pulso de la calle, comienza a escuchar únicamente el eco de sus propias oficinas. Y los ecos tienen una particularidad cruel: siempre terminan convenciendo a quien los escucha de que todavía es poderoso. Hasta que llega la elección. Hasta que llega la realidad. Hasta que llega la historia. Y la historia no suele tener misericordia con quienes confundieron la nostalgia con fuerza, la arrogancia con liderazgo y la propaganda con legitimidad.
GOTITAS DE AGUA:
Al PRI de Sinaloa quizá no le esté llegando una derrota más. Quizá le esté llegando su juicio final como fuerza política relevante. Y si sus dirigentes continúan aferrados a la fantasía de un poder que ya no existe, terminarán descubriendo demasiado tarde que los partidos no mueren cuando pierden elecciones. Mueren cuando pierden contacto con la verdad. “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…
Mi columna disponible en los siguientes portales:
Facebook: https://www.facebook.com/benjamin.bojorquez.2025?mibextid=ZbWKwL
Sigue el canal de Columna: Sobre El Camino🖊️ en WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029Vb7eAQB2phHFjVRdLF2W
Gimperionws Tv: https://gimperionws.tv/2025/10/31/sobre-el-camino-529/
Entre Veredas: https://www.entreveredas.com.mx/2025/10/cuando-el-crimen-habla-y-la-oposicion.html
Primero Editores: https://primeroeditores.com.mx/opinion/sobre-el-camino-276/
Yo Digo Yo Pregunto: https://yodigoyopregunto.com/2025/10/06/sobre-el-camino-53/
Tamayo Informa: https://tamayoinforma.com/2025/01/13/sobre-el-camino-3/
Revista POLITEIA: https://revistapoliteia.com
Voces Nacionales (Alvaro Aragón Ayala): https://vocesnacionales.com/2025/09/15/sinaloa-entre-filetes-y-promesas-frias-el-snte-27-en-ruinas/
OV El Analista: https://ovelanalista.com/columna-sobre-el-camino-3/
