Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
La sed también tiene responsables
Hay funcionarios que llegan al servicio público convencidos de que administrar una oficina es suficiente para gobernar una institución. Y luego está la realidad, esa que no perdona la improvisación cuando lo que está en juego no es un escritorio, sino un derecho humano.
Culiacán vive una tormenta perfecta. La violencia ha golpeado la economía, ha cerrado negocios, ha modificado rutinas y ha obligado a miles de familias a sobrevivir entre la incertidumbre. En medio de ese escenario, la ciudadanía esperaba que las instituciones protegieran lo indispensable. Sin embargo, los constantes cortes de agua en la capital sinaloense han terminado por abrir otro frente de desesperación social.
El agua no admite discursos políticos. Tampoco acepta pretextos administrativos. El artículo 4º de la Constitución reconoce el acceso al agua como un derecho humano, y precisamente por eso cualquier deficiencia persistente en la prestación del servicio deja de ser un simple problema operativo para convertirse en un asunto de responsabilidad pública.
La gerencia de la JAPAC, encabezada por Roberto Alfonso Zazueta Tapia, enfrenta hoy un desgaste evidente en la percepción ciudadana. Las inconformidades por las interrupciones frecuentes del suministro del vital líquido han colocado a la institución bajo un escrutinio permanente. Y cuando una dependencia encargada de un servicio esencial comienza a perder la confianza de la sociedad, el problema ya no es únicamente técnico: es profundamente político.
No es un secreto que Roberto Alfonso Zazueta Tapia llegó a la JAPAC impulsado por el entonces secretario de Finanzas del Gobierno del Estado, Enrique Díaz, después de desempeñarse en el sector de una desarrolladora de vivienda. Ese antecedente da para mucho más, pero abre un debate que trasciende a una sola persona: ¿se privilegió la experiencia específica para conducir un organismo operador de agua o prevalecieron otros criterios en la designación?
La administración pública no debería funcionar como una bolsa de colocación para perfiles cuya experiencia principal pertenece a otra realidad profesional. Gobernar instituciones técnicas exige conocimiento, capacidad de gestión, liderazgo operativo y comprensión del impacto social que generan sus decisiones.
Cada colonia que permanece sin servicio representa familias que no pueden cocinar, comerciantes que pierden ventas, hospitales que incrementan su presión operativa y trabajadores que deben resolver un problema que nunca debió convertirse en parte de su rutina.
El historiador Arnold J. Toynbee sostenía que las civilizaciones no desaparecen porque sean conquistadas; desaparecen cuando sus dirigentes dejan de responder adecuadamente a los desafíos que enfrentan. La enseñanza aplica con precisión a cualquier gobierno moderno. Las instituciones no se debilitan únicamente por falta de recursos; también lo hacen cuando el liderazgo resulta insuficiente frente a la magnitud del reto.
GOTITAS DE AGUA:
La JAPAC necesita recuperar credibilidad, pero la credibilidad no se decreta desde una conferencia de prensa ni se construye con boletines. Se gana con resultados medibles, con planeación eficiente, con transparencia y con la sensibilidad suficiente para comprender que detrás de cada llave sin agua existe una familia esperando una respuesta, no una explicación. Ahí es donde comienza la verdadera sequía: no en las tuberías, sino en el sentido de responsabilidad pública.
Si cierran la puerta, apaguen la luz
Nos vemos mañana
