SOBRE EL CAMINO

Por. – Benjamín Bojórquez Olea.

El poder 2.0

Claudia Sheinbaum presentó en su segundo Informe un México que parece funcionar casi a la perfección: economía estable, peso fuerte, empleos, infraestructura, programas sociales, hospitales, becas, vivienda y una reducción contundente de los homicidios.

Sería absurdo negar los avances. Pero también sería ingenuo confundir un informe de gobierno con el diagnóstico de un país.

Porque una nación no se transforma con la suma de cifras, sino cuando esas cifras se convierten en bienestar que pueda tocarse, seguridad que pueda sentirse y justicia que pueda comprobarse.

La Presidenta habló de separar el poder político del económico.

La paradoja es que México continúa viendo cómo políticos provenientes del viejo régimen se reciclan dentro del nuevo, mientras las fronteras entre política, negocios y privilegios siguen siendo demasiado borrosas.

Los programas sociales son indiscutiblemente una herramienta de justicia para millones de mexicanos. Pero existe una diferencia enorme entre ayudar al ciudadano y construir una ciudadanía dependiente del gobierno.

El verdadero éxito no debería medirse solamente por cuántos reciben una beca o una transferencia, sino por cuántos mexicanos consiguen dejar de necesitarla. Porque el asistencialismo puede aliviar la pobreza; el desarrollo debe combatir sus causas.

En salud, el discurso volvió a descansar sobre hospitales, camas, quirófanos y consultorios. Pero existe una pregunta que ningún PowerPoint puede responder: ¿De qué sirve un hospital moderno si el paciente sale de consulta con una receta y tiene que comprar afuera el medicamento que el Estado prometió garantizar?

Y en seguridad, las cifras pueden ser alentadoras. Pero México no termina en las estadísticas nacionales. Está Sinaloa. Están las familias buscadoras. Están las comunidades que viven entre el miedo y el silencio. Está ese México que no aparece en las ceremonias oficiales porque no cabe en una gráfica. Y quizá ahí está la mayor debilidad del informe.

Se habló de democracia, pero no suficientemente de quienes disienten. Se habló del pueblo, pero no necesariamente de todo el pueblo.

Una democracia verdadera no consiste en que el gobierno gane elecciones y después interprete el resultado como una autorización para hablar en nombre de todos. La democracia también consiste en escuchar al que protesta, al que reclama, al que cuestiona y al que no está de acuerdo.

GOTITAS DE AGUA:

Por eso el segundo Informe deja una reflexión incómoda: el México del discurso y el México de la calle todavía no terminan de encontrarse.

Uno presume avances. El otro exige resultados. Uno habla de transformación. El otro pregunta cuándo llegará a su colonia, a su hospital, a su escuela, a su comunidad.

Aquí está el verdadero desafío para Claudia Sheinbaum: no demostrar que su gobierno es mejor que los anteriores.Demostrar que México puede ser mejor que el discurso de su propio gobierno. Porque los gobiernos pueden maquillar cifras, seleccionar estadísticas, construir escenarios. Pero hay una cosa que ningún poder puede controlar indefinidamente: la realidad.

Y cuando la realidad termina hablando, ya no necesita informe. Necesita hablar sola.

“Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…

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