Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
La orfandad política órbita Sinaloa
Marcel Proust dedicó buena parte de su obra a explorar el tiempo perdido, pero en Sinaloa la pregunta es más impactante: ¿cuánto talento político hemos dejado escapar y cuánta mediocridad hemos terminado por normalizar?
En nuestras pláticas aldeanas en distintos puntos geográficos de la capital sinaloense con distintos personajes de derecha e izquierda me recordaban que Sinaloa ha perdido talento político. Estuve en total acuerdo. Lo hemos comentado muchas veces recientemente acompañados de un “café latte con leche deslactosada y sin azúcar” y lo hemos escrito juntos varias veces y en distintas trincheras por separado. Hace años como un riesgo del futuro y hoy como una catástrofe del presente.
Aclaro que no soy un nostálgico del pasado y no creo que el pretérito siempre sea lo mejor. Para mí, el Medioevo es un infierno y el Renacimiento es un esplendor. Considero al Sinaloa independiente muy superior a los años coloniales. Y creo que la Revolución mexicana nos colocó muy por encima del romántico Porfiriato.
Sin embargo, estoy convencido que el talento político que orbita en Sinaloa está de capa caída.
Será necesario elevar mi juicio, sin embargo, la tragedia y la penuria se ha apoderado de la nueva clase política en donde la administración genérica de los 20 municipios que comprenden nuestra geografía política de nuestro estado de Sinaloa no residen solamente en sus carencias financieras, administrativas y políticas, sino en una carencia de ideas.
Sinaloa se ha convertido en un estado conspicuo, por tres razones. La primera es un “lapsus mensus” y la fragilidad de la representación democrática. El voto puede responder a convicciones, expectativas legítimas, decepciones, presiones o promesas. Por eso, el desafío no termina el día de la elección: comienza cuando los representantes deben demostrar que merecen la confianza recibida. Gobernar exige resultados, no solamente popularidad.
La segunda es la endogamia del poder: esa costumbre de gobernar entre los propios, escuchar a los cercanos y confundir la lealtad partidista con la razón pública. Cuando el gobernante deja de escuchar a quienes piensan distinto, pierde algo más valioso que una crítica: pierde la oportunidad de corregirse.
Y el tercer síntoma es la anorexia vocacional. Cada vez que la política se percibe exclusivamente como un camino hacia el privilegio, el protagonismo o la supervivencia personal, se aleja de quienes podrían ejercerla como una responsabilidad colectiva.
GOTITAS DE AGUA:
Por ahora, omitiré algunos nombres de una larga lista tan extensa de políticos sinaloenses carentes de ideas y falta de talento, porque hay a quienes les molestan los elogios para otros y no sólo las críticas para ellos. Pero cada quien puede hacer las suyas a su gusto, tanto su lista de honor como su lista de vergüenza. Pero no los menciono para no herir susceptibilidades porque es una lista muy importante y ya consumí todo mi espacio…. ¡Qué lástima! “Si cierran la puerta, apaguen la luz”. “Nos vemos mañana”…
