DANIEL CAMARGO HERNÁNDEZ | Cuestión de POLÉMICA
- Cocinan en Tlalnepantla despidos a modo
- Jilotzingo: el basurero clandestino del alcalde Raziel
En Tlalnepantla me dicen, se está tejiendo una peligrosa red de intereses jurídicos que especialistas en derecho laboral ya observan con lupa, pues podría convertirse en una vía de fraude al erario municipal.
Trascendió que el gobierno local contrató los servicios de Alma Mirna Merino Fontova, apoderada legal del despacho MFontova ASOC, S.C., para brindar asesoría, consultoría y representación en asuntos procesales y conciliatorios en materia laboral, bajo la figura de abogada externa.
El detalle no es menor: este despacho se especializa en diseñar salidas “legales” para despedir trabajadores sin pagar indemnizaciones ni finiquitos, además de representar a los ayuntamientos en demandas laborales que, curiosamente, suelen perderse en los tribunales. ¿El resultado? Municipios obligados a desembolsar sumas millonarias en laudos que parecen más negocio que casualidad.
La lista de antecedentes es amplia: Toluca, Atizapán y el propio Tlalnepantla ya han padecido los “servicios” de este bufete, que nuevamente aterriza en La Tierra de En Medio. Así lo denunció Alejandro Guadarrama Rojas, trabajador con 32 años de servicio, despedido de manera injustificada durante la administración de Raciel Pérez Cruz.
Aunque Guadarrama ganó la demanda laboral, el gobierno municipal se ha negado a pagarle. Peor aún: la abogada Alma Mirna le ofreció la “salida” de reinstalarlo en su antiguo puesto para evitar cubrir la indemnización correspondiente a pesar de que se encuentra bajo tratamiento de hemodiálisis tres veces por semana, lo que le impide volver a desempeñar sus funciones.
Lo que parece perfilarse no es asesoría jurídica, sino un esquema recurrente de simulación legal: despedir, litigar, perder “misteriosamente” y, al final, cargar la factura al erario. Un negocio redondo… pero para unos cuantos.
Una pifia más carga en su expediente el presidente municipal de Jilotzingo, Raziel Eugenio Chavarría, al autorizar —porque en este municipio nada se mueve sin su venia— el depósito de basura y cascajo en un acantilado natural de Rancho Blanco. Hasta allí llegan a diario decenas de camiones a descargar su inmundicia, sin que autoridad alguna se atreva a detenerlos.
Los vecinos ya denunciaron esta barbaridad ante el alcalde, pero como suele ocurrir, Raziel ni ve ni escucha. La indiferencia es su marca de gobierno. El daño, en cambio, es evidente: el acantilado estaba rodeado de árboles jóvenes y vegetación que el bosque había logrado recuperar, ahora condenados a sepultarse bajo toneladas de desechos.
No se trata de cualquier barranca, sino de un ecosistema vital que provee agua y oxígeno a la región. Convertirlo en tiradero clandestino no es solo un acto de negligencia: es un crimen ambiental.
Lo urgente es que la Procuraduría de Protección al Medio Ambiente del Estado de México despierte de su letargo y mande inspectores a Rancho Blanco antes de que la complicidad oficial termine por devastar lo poco que queda del bosque en Jilotzingo.
“Siervos del voto” y las tarjetas del Bienestar mexiquense
Los autoproclamados “Siervos de la Nación” recorren el Estado de México como si fueran apóstoles de la democracia, pero en realidad cargan bajo el brazo las tarjetas del Bienestar, convertidas en la más barata de las monedas de cambio político. Eso sí: nadie en la oposición parece tener el valor —ni la estrategia— para frenarlos.
Me dicen que las bases de datos de los beneficiarios, administradas como oro molido tanto en el gobierno estatal como en la Federación, se han vuelto el arma secreta para intentar blindar votos de aquí al 2027. Todo un padrón electoral paralelo, financiado con dinero público y barnizado de “apoyo social”.
El secretario de Bienestar, Juan Carlos González, debería empezar a ensayar explicaciones, porque las preguntas sobre la entrega de recursos ya no caben bajo la alfombra. Nos adelantan que la exigencia subirá de tono y aterrizará en el máximo órgano electoral, donde más de uno pedirá un piso parejo rumbo a las intermedias
La jugada es clara: mientras unos reparten plástico, otros reparten discursos. Y si nadie pone freno, en el 2027 no habrá elección… habrá rifa de tarjetas, mientras la casi desaparecida oposición, sigue solo mirando.
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Gracias por su lectura. Los esperó hoy a partir de las 7:30 de la mañana con mi comentario en #UltraNoticias con Oscar Glenn, en el 101.3 FM de Toluca. ¡Ya lo sabe, que le vaya como se porte
