Por Lucio Ramírez Medina*
Es el Cuidado, Una Política Pública Que Todos Necesitaremos
Marco Cancino, director general de Inteligencia Pública, asegura que el cuidado, es la política pública que todos necesitaremos, dado que la construcción de un sistema nacional de cuidados no es una agenda sectorial ni una demanda exclusiva de las mujeres. Es una política de bienestar, productividad, igualdad y dignidad humana.
Doña María tiene 78 años. Hace unos meses sufrió una caída en el baño de su casa. La fractura de cadera fue dolorosa, pero lo más complicado vino después. Su hija tuvo que pedir permisos constantes en el trabajo para acompañarla a consultas médicas; una nieta reorganizó sus horarios universitarios para quedarse con ella algunas tardes; una vecina comenzó a visitarla todos los días para ayudarle a preparar alimentos y asegurarse de que tomara sus medicamentos. Lo que parecía un accidente doméstico terminó convirtiéndose en una compleja red de apoyo improvisada.
Todos necesitamos cuidados en algún momento de nuestra vida. Los requerimos cuando nacemos, cuando enfermamos, cuando vivimos con una discapacidad temporal o permanente y, con frecuencia, cuando llegamos a la vejez. Sin embargo, durante décadas hemos tratado el cuidado como un asunto privado, familiar y predominantemente femenino. Lo hemos asumido como una responsabilidad individual cuando, en realidad, constituye uno de los mayores desafíos colectivos del siglo XXI.
La pregunta es tan sencilla como inquietante: ¿quién cuidará a quienes necesiten cuidados en una sociedad que envejece aceleradamente? La respuesta adquiere una dimensión particularmente relevante en México. De acuerdo con las proyecciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO), hacia 2050 aproximadamente una de cada cuatro personas en México, tendrá 60 años o más. Se trata de una transformación demográfica profunda que implicará una demanda creciente de apoyos para la vida diaria, atención de largo plazo, servicios de salud y acompañamiento para millones de personas.
El envejecimiento poblacional es una buena noticia porque refleja avances en salud y esperanza de vida. El problema es que el país no ha construido todavía las instituciones necesarias para enfrentar sus consecuencias. Hoy, buena parte de esa responsabilidad continúa recayendo en las familias y, dentro de ellas, principalmente en las mujeres. Los datos del INEGI muestran que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa alrededor de una cuarta parte del Producto Interno Bruto nacional. Si ese trabajo tuviera un valor de mercado sería una de las actividades económicas más importantes del país. Sin embargo, permanece prácticamente invisible en las cuentas públicas y escasamente reconocido por las políticas gubernamentales.
¿Cuáles son las exigencias de este desafío? México ha comenzado a avanzar, pero todavía se encuentra muy lejos de consolidar una política de Estado en la materia. Existen iniciativas legislativas, programas sociales relacionados con el cuidado y esfuerzos recientes para incorporar esta perspectiva en la planeación presupuestaria. Sin embargo, en México aún no contamos con una Ley General del Sistema Nacional de Cuidados plenamente consolidada, ni con una autoridad nacional encargada de coordinar los esfuerzos dispersos entre dependencias y órdenes de gobierno. Los servicios siguen fragmentados, la profesionalización de las personas cuidadoras es limitada y gran parte de los recursos identificados como gasto en cuidados corresponde a programas preexistentes más que a una expansión sustantiva de servicios especializados.
El desafío exige una visión mucho más ambiciosa. No se trata únicamente de coordinar instituciones, sino de construir una política pública con lógica sistémica, perspectiva intersectorial, respaldo normativo y financiamiento sostenible. Los cuidados atraviesan los ámbitos de salud, educación, trabajo, seguridad social, desarrollo urbano, género, vivienda, movilidad y desarrollo económico. Por ello, requieren una estrategia de largo plazo capaz de trascender administraciones y ciclos electorales.
La pregunta ya no es si México necesita un sistema nacional de cuidados, sino cuánto nos costará seguir sin él. Los costos de la inacción son visibles: mujeres que abandonan el mercado laboral, familias que absorben gastos crecientes, personas mayores que enfrentan situaciones de dependencia sin apoyos suficientes y cuidadores informales que trabajan sin reconocimiento ni protección.
La construcción de un sistema nacional de cuidados no es una agenda sectorial ni una demanda exclusiva de las mujeres. Es una política de bienestar, productividad, igualdad y dignidad humana.
*Licenciado y Maestro en Periodismo
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